El paso del gobernador Eduardo Brizuela del Moral por la sede de la Fundación Favaloro de la ciudad de Buenos Aires despertó suspicacias, obvias por otra parte –se trata de una insospechada afección cardiaca que coincide con un muy mal momento político del Gobierno provincial-y también por la discreción que se le dio desde Casa de Gobierno.
Prácticamente no hay registros periodísticos sobre resquebrajamiento alguno de la salud del primer mandatario provincial, eso, junto al muy mal momento político que afronta la gestión radical y a la "discreción" de la oficina de prensa del Gobierno, siempre dispuesta a informar cualquier necedad favorable al oficialismo, poco colaboraron para que muchos ciudadanos comunes se conmiserarán del Gobernador.
Menos comprensible es que conociendo la noticia el gabinete de ministros, secretarios, subsecretarios, directores, coordinadores de programas y asesores más numeroso de la historia provincial no decidieran acompañar al primer mandatario en tal difícil trance; ni pensar de la negativa de algunos entornadores permanentes, tipo Genaro Collantes, a internarse en camas contiguas de ser necesario.

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