Una seguidilla de robos violentos, con la utilización de armas, han venido ocurriendo desde fines de mayo hasta este sábado, que obligan a repensar la estrategia de seguridad que viene llevando adelante la Jefatura de Policía local.
Hasta ahora, ni el sistema de patrullajes ni las tan mentadas cámaras de seguridad municipales parecen haber dado resultados concretos en el combate contra el delito. Y esto ocurre, además, en el marco de la polémica por la indescifrable ley de Policías Comunales, que tiene al arco político sumido en una lánguida e infértil discusión, para una herramienta que la mayoría de la sociedad mira con desconfianza y que ha posicionado a los Intendentes detrás de las opiniones de sus líderes de turno, para disimular que en realidad, en la mayoría de los casos, desconocen los alcances del nuevo sistema y si efectivamente, la creación de una nueva fuerza pública ayudará a bajar los índices delictivos en cada distrito.
En el caso de Tandil, los especialistas siguen diciendo que no se trata de una ciudad insegura, sino, con hechos de inseguridad. Silogismo fácilmente refutable por aquellos que han sufrido en carne propia a uno o más truhanes apuntando sus armas hacia sus cabezas y llevándose el dinero conseguido después de horas de trabajo.
De cualquier modo, vale recordar que desde el 22 de mayo hasta este sábado 7 de junio, se produjeron once robos calificados en diferentes sectores de la ciudad, con diversidad de víctimas, aunque el blanco preferido parecen ser los locales comerciales, que permiten a los malvivientes la certeza de la existencia de algo de dinero, encontrar las puertas abiertas y una rápida vía de escape.
El pasado 22 de mayo, delincuentes asaltaron a mano armada un polirrubro ubicado en Moreno 200; mientras que a la mañana siguiente, dos individuos sorprendieron a dos hombres que ingresaban en un complejo de departamentos en Avenida Santamarina al 100 y a punta de pistola, les robaron varias pertenencias.
Días después, el 26 de mayo, un par de personas engañaron y rociaron con gas pimienta a un jubilado en su casa, para robarle dinero, mientras que poco antes, durante la madrugada de ese mismo día, tres malvivientes asaltaron la estación de servicio El Lucero, de Espora y Colectora Sur, cuando armados, redujeron a dos empleados y a un cliente que estaba en el shop del lugar.
Después, comenzó la seguidilla de hechos contra la heladería Grido, que sufrió un primer asalto en la sucursal Villa Italia, el día 28 de mayo, para luego ser escenario de dos asaltos en el local de Avenida Avellaneda, que acontecieron el pasado 30 de mayo y luego este viernes 6 de junio, ambos en horario nocturno cercano al cierre y con la presunción de que se trató del mismo ladrón.
El 30 de mayo fue blanco de un robo calificado una despensa de calle Gaucho Rivero; mientras que el 31 de mayo, un vigilador de una de las sucursales de Carrefour denunció que fue atacado por sujetos que lo amenazaron con una jeringa, para cometer un ilícito.
El pasado miércoles 4 de junio, un delincuente puso su revolver en la cabeza de la dueña de una dietética de Avenida Perón y este sábado, dos delincuentes cometieron un asalto en una inmobiliaria, de la que se llevaron un importante botín.
Estos hechos, pueden rastrearse en los medios de comunicación, aunque habitualmente, hay episodios que no se denuncian o que, en todo caso, no son informados por las autoridades policiales. Sin embargo, que no lleguen a la opinión pública no implica que no ocurran. Por eso, lejos de tratarse este racconto de una estadística con rigor científico, solo procura advertir que posiblemente haya más para hacer de lo que actualmente se hace en materia de seguridad y para que, en todo caso, la mirada sobre el pasado inmediato nos permita tener un panorama, tal vez antojadizo, es cierto, pero al mismo tiempo objetivo, del ritmo con el que la sucesión de hechos, nos hace perder la perspectiva.
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