Olimpo festejó ante River el triunfo que necesitaba

Olimpo festejó ante River el triunfo que necesitaba
El aurinegro logró un triunfo que precisaba como el agua. Y lo consiguió sin atenuantes ante un equipo sin estirpe.
Estaba en la lona. Tenía el ánimo por el piso. Su trabajo no daba los frutos esperados y su vida en el torneo Inicial se seguía llenando de deudas y preocupaciones.

Si lo daban vuelta, de sus bolsillos no se le caía ni un peso. Ni siquiera una moneda de las viejas y sin valor.

Pero en una tarde, Olimpo dejó de ser mendigo y se convirtió en millonario. Le ganó 3-1 a River, a un River que no tiene nada que ver con la historia de River. Porque River es un grande del fútbol argentino, y el River que puso ayer en cancha Ramón Díaz, es uno de los peores River de, al menos, la década del 2000.

Pero si usted es hincha de Olimpo, alegrese con los tres puntos que consiguió el aurinegro. Una victoria a valor dólar blue. Un triunfo que cotiza en alza. Un éxito tan necesario como el aire que respiramos.

Olimpo llegó al Monumental con tres derrotas seguidas sobre el lomo. Pero con esquema distinto. El 4-2-3-1 que paró Walter Perazzo en cancha fue más efectivo que el pobre 4-4-1-1 que mostró el dueño de casa, un elenco más liviano que una pluma y con un juego que no tiene sabor a nada.

Para la vista, el partido arrancó como muchos otros. Y acorde a su presente. Dylan Gissi se durmió en un lateral, Leonel Vangioni sacó el centro (el primero del Millo) y Giovanni Simeone se anticipó a todos para el 1-0.

Esta vez, los jugadores olimpienses no se miraron resignados entre sí. Todos se acordaron de las mil charlas grupales e individuales que tuvieron en la semana y sacaron a relucir un plus muy pocas veces visto en este torneo. Sí, un plus de amor propio, esfuerzo y ganas de sobreponerse a la adversidad.

Y, pese a que los de Ramón tuvieron más la pelota, los Perazzo boys los lastimaron donde River más inseguro estaba: el arco. Misil de Martín Pérez Guedes, golazo; cabezazo de Iván Furios, 2-1; y tiro libre del Chori Vega que se coló por atrás de Chichizola y delirio total.

Olimpo, sin dominar el trámite y sin ser tan constante en su afán por atacar, tuvo más peso que un River light, que nunca más se pudo concentrar y meterse en el partido tras el 1-2, cuando su gente empezó a silbar y a cantar: "Ohhh... que se vayan todos, que no quede, ni uno sólo".

Del otro lado, los futbolistas de Olimpo sentían el oro entre sus manos.

Sí, esta vez no fue barro, fue algo tan valioso como haber dejado el corazón en el césped del Monumental.

Ganó Olimpo, y está vivo...

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