El arquero de Belgrano tiene una hija con síndrome de Angelman. No la admiten en colegios comunes, y en una especial le pidieron que fuera una hora por día, tres veces por semana. Está desescolarizada.
Es el partido más importante de mi vida”, grafica Juan Carlos Olave, el arquero del Club Atlético Belgrano, cuando cuenta la batalla diaria de su familia por lograr que su hija Arantza (10) sea incluida en un colegio común. La niña tiene síndrome de Angelman, un trastorno neurológico que le provoca un retraso mental y dificultades en el habla, entre otras cosas.
La niña comenzó su escolarización en un jardín de infantes con una maestra que comprendió que la única manera de incluir a la pequeña era que todos los niños de 5 años aprendieran el lenguaje de señas. Debe haber sido la mejor experiencia escolar que Arantza tuvo en la escuela.
Primer grado se complicó, y la familia Olave terminó peregrinando por escuelas comunes que rechazaban el ingreso. Hasta que finalmente, este año, Arantza ingresó a una escuela especial que terminó, a la fuerza, abandonando. Hoy está desescolarizada.
“La mandamos ahí por recomendación de la psicopedagoga, para que se fuera superando, pero debería integrarse a una escuela común. Ella observa y copia de sus pares; entonces hay que ponerle la vara alta... Le dan talleres, es un centro de día, una escuela. Hacía pocos meses que iba… Pero le dijeron que no fuera todos los días, sino tres veces por semana, una hora, porque los otros chicos le tienen miedo”, explica Olave.
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