Por: Ricardo KirschbaumTras algunos titubeos, el Gobierno ha resucitado la polarización. Esta estrategia, en la que los Kirchner se mueven con comodidad, les ha permitido retomar la iniciativa y contener a su base política, evitando por ahora más fugas o reagrupamientos. Al considerar perdida la batalla por recuperar la confianza de gruesos sectores de la clase media urbana y rural, el kirchnerismo quiere profundizar una apuesta de fuerte diferenciación social.
Así, Kirchner está utilizando todas las herramientas que tiene a disposición para garantizar disciplina y acatamiento. Ha sido evidente en estos días la disociación del discurso de gobernadores críticos, como Das Neves, con el voto positivo de sus diputados a favor del oficialismo.
La ofensiva, entonces, se redoblará en todos los planos antes de diciembre, cuando cambiará la integración del Congreso. Y también antes de que se conforme otro proyecto presidencial dentro del justicialismo. Si eso se produce, la relación de fuerzas cambiará y una parte del PJ irá hacia otro campamento.
El planteo de pobres contra ricos es una consigna y, a la vez, una estrategia de polarización que, detrás de frases inflamadas y pasiones políticas, apunta a trabajar sobre un nuevo eje de ordenamiento y de división.
Este planteo tiene el mismo objetivo que las pragmáticas alianzas que Kirchner ha tejido y destejido en su carrera y sobre todo desde 2003. El fin justifica los medios: lo único importante es conservar poder.
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