La odisea de una joven rosarina que fue deportada de Aruba

La odisea de una joven rosarina que fue deportada de Aruba
Estuvo presa 14 días y luego la enviaron a Argentina. Llegó a Rosario con lo puesto y quiere reencontrarse con su pareja y la hija de ella. "Fui deportada sin escuchar el dictamen de apelación”, dijo.

María de Luján Barboza tiene 44 años y hasta hace un mes vivía en Aruba, junto a su pareja (una mujer) y el pequeño hijo de ella. El 10 de marzo pasado, sobre el mediodía, fue detenida cuando iba a trabajar en una empresa que ofrece traslados turísticos por la isla. Estuvo 14 días presa, fue deportada por no tener sus papeles laborales en regla y no pudo siquiera despedirse de su familia. Ahora, desde Rosario, la mujer inició una campaña para denunciar la discriminación que sufren en ese país las lesbianas y, sobre todo, para juntar el dinero que le permita a Angela Millie de Cuba y Angelo Jesús de Cuba, de 20 meses, llegar a la ciudad.

María de Luján y Millie se conocieron hace poco más de tres años, a través de una red social de contactos. Miles de mails, mensajes en Facebook y largas charlas por skype cimentaron planes: Millie decidió tener un hijo mediante inseminación artificial y María viajó a Aruba después del nacimiento del bebé.

Planeaban casarse en Holanda, ya que si bien Aruba es parte del Reino de los Países Bajos, el país tiene sus propias leyes que no incluyen matrimonios o uniones entre personas del mismo sexo. Después de dar el sí, volverían a la isla y buscarían una casa donde criar a Angelo.

"Pero no pudo ser", se lamenta ahora María del Luján desde la casa de sus padres en el distrito sudoeste de la ciudad, donde llegó hace un mes. Desde allí, junto a padres, hermanos, cuñadas y amigos montó una campaña para que su pareja y el niño puedan instalarse en Rosario.

Y, afirma, no se trata sólo de cumplir el sueño de la boda y la casa con jardín. "Millie está desocupada, es lesbiana, mamá soltera y está a punto de quedarse sin un lugar donde vivir. En esa situación, el área de Bienestar Social le puede sacar el bebé porque eso es lo que hacen con mamás como ella. Ninguna de las dos soportaría que eso pase", advierte.

La Federación Argentina de Lesbianas, Gays, Bisexuales y Trans (Falgbt) está acompañando el pedido de la rosarina denunciando lo que considera un "grave caso de violación de los derechos" de la diversidad sexual. Según advirtió su presidente, Esteban Paulón, "la situación cotidiana que enfrentan en la isla lesbianas, gays, bisexuales y trans en cuanto a violación de sus derechos, pone en riesgo la propia integridad y la vida de las personas".

Y en el Concejo Municipal, la semana pasada, se aprobó una declaración de solidaridad con la mujer y la campaña emprendida para juntar los fondos para costear el viaje de su familia. Varios legisladores también se comprometieron a colaborar.

María llegó a Aruba en abril del año pasado. La esperaban Millie y su bebé. "Cuando lo conocí, me dije yo quiero ser la mamá de este niño. Y desde entonces no nos separamos más", asegura con la voz quebrada.

Durante varios meses, Millie trabajaba mientras María cuidaba a Angelo. Pero Millie se enfermó, quedó desempleada y entonces fue María quien se echó la familia al hombro. "Recibí una propuesta de trabajo en servicios de turismo. El dueño de la empresa me prometió que tramitaría mi permiso de trabajo, pero nunca lo hizo. Me dijo que me iba a firmar los papeles si dejaba a mi pareja, pero yo no quise por eso quedé en caracter de ilegal".

El 10 de marzo al mediodía, María estaba caminando para ir a trabajar. Era una de las encargadas de recibir a los turistas y ofrecerles un tour en micro. Los efectivos de Migraciones le pidieron el permiso de empleo y, como no lo tenía, la llevaron detenida.

Lo que vino después fue "la peor de las pesadillas", dice. Estuvo encerrada 14 días, durante los cuales no pudo tener contacto con nadie. Su pareja puso una abogada para apelar la resolución, pero fue inútil. "Fui deportada sin que me permitiesen despedirme de mi gente y sin volver al Ministerio Público para escuchar el dictamen de la apelación. Me deportaron una mañana sin mis efectos personales, sin pasaporte, sin ninguna clase de documentación válida para mi traslado. Sin nada", recuerda.

El avión bajó en el aeropuerto de Córdoba, hacía frío y María apenas calzaba unas ojotas. "Mi pareja se enteró de que ya no estaba en Aruba porque una empleada de la aerolínea en la cual viajaba me facilitó el teléfono para llamar. El vuelo me dejó en Córdoba a la medianoche, sin dinero ni ropa".

De todas formas, asegura, todo esto ya es historia. Y prefiere concentrar sus esfuerzos en preparar la llegada de su pareja y el niño. "Angelo no entiende por qué su mamá todavía no vuelve de trabajar. Me falta mi compañera de ruta y mi bebé sufre mi ausencia. Necesitamos estar los tres juntos", dice.

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