Aunque se acortó, la distancia con el cuarto todavía es importante. Los temores forman parte de una cuestión psicológica más que futbolística.
Hoy se habla de la racha de 17 partidos sin derrotas que se cortó. Un número importante, pero más que eso, un aval con una base insoslayable. Claro que el fútbol siempre está predispuesto a deparar sorpresas, pero pensar que una derrota puede modificar el andamiaje futbolístico de un equipo suena a poco probable. Lo más parecido que podría ocurrir para opacar lo que se hizo hasta aquí es que el equipo caiga en el formato deslucido, ajado y bulímico del inicio de campeonato. Así y todo con eso le alcanzaría para llegar a buen puerto.
Si lo que se intenta es analizar lo que fueron los 90 minutos contra La Fragata (lo anterior sería un error colocarlo en la misma bolsa precisamente por los resultados obtenidos) hay algunas cosas puntuales para destacar. Al igual que los últimos 17 partidos, otra vez el Canalla fue superior a su rival. Le marcó diferencia desde el juego y lo tradujo en la importante cantidad de situaciones generadas. De principio a fin, especialmente en los minutos iniciales. Ocurre que en esta ocasión el "pero" que suele aparecer tuvo demasiada incidencia. Nadie contaba con que los jugadores auriazules iban a fallar tanto a la hora de la definición y eso hizo que el conjunto de Isidro Casanova permaneciera con vida hasta el final, al menos hasta que tuviera lo suyo para demostrar en el arco rival. Lo de la falta de puntería merece un capítulo aparte y es atendible. Ocurre que eso también asomó como un hecho aislado. En los últimos 18 partidos Central había convertido y en los últimos seis más de uno.
Lo de la cautela es otro dato atendible. Y en esto vale hoy resaltar lo que los futbolistas canallas vienen haciendo a la hora de declarar. Nadie traspasó la línea de la mesura. Ni los futbolistas y mucho menos el entrenador. Se insiste, el panorama se modificó en un grado ínfimo, sin alterar ni poner en riesgo, al menos por ahora, las chances de ascenso. Con un mayor grado de preocupación deberían estar Gimnasia y Esgrima La Plata y, sobre todo, Olimpo.
Un tropezón en 18 partidos se asemeja más a eso que a un punto de inflexión que genere un estado de alerta. Los recaudos que deberán tomarse de aquí en más y el aprendizaje que debe hacerse de ese contratiempo es el primer y gran paso para que la cosa no pase a mayores. Mucho menos que genere dudas.
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