Dos obispos y el prolongado aplauso de los fieles

Monseñor José Conejero comentó que, mantuvo con Scozzina, un vínculo de amistad estrecha desde sus épocas de sacerdote

La misa exequial celebrada en la Iglesia Catedral para despedir los restos del obispo emérito, monseñor Raúl Marcelo Scozzina, generó fuertes emociones entre los presentes, sobre todo cuando el actual jefe de la Iglesia formoseña contó aspectos desconocidos de la trayectoria del desaparecido prelado.

Pero también conmovió el prolongado aplauso, por largos minutos, que se le brindó como muestra de gratitud al pastor fallecido cuando el féretro con sus restos fue sacado desde las cercanías del altar hasta donde se hallaban los coches fúnebres.

Monseñor José Vicente Conejero comentó que, además de ser el tercer sucesor en la iglesia de Formosa, mantuvo con Scozzina, siempre, un vínculo de amistad muy estrecha desde sus épocas de sacerdote.

“Yo llegué a Formosa en 1976 y el era el obispo titular hasta mayo de 1978 cuando asumió monseñor Sandrelli; de modo que lo tuve como obispo. Y después de su dimisión como obispo emérito estuvimos siempre en un gran contacto y amistad, compartiendo juntos incluso la misma casa en la Iglesia San Luis Rey, en el Obispado y en la Catedral”, relató.

“El quiso, además, dejarme su testamento para que sea su albacea”, confió.

Reveló Conejero que su predecesor, monseñor Dante Carlos Sandrelli y el recientemente desaparecido padre Gerardo Gonnet, habían trabajado en la construcción de panteones en la parte superior de la Catedral donde ahora está sepultado quien fuera el sucesor de Scozzina.

“Pero el obispo emérito, explícitamente, dejó el pedido de que quiere estar en tierra y con los pobres entre los pobres. Daremos cumplimiento a sus deseos porque así lo manifestó”, anunció.

Agradeció a la Orden Franciscana Seglar ya que en el panteón que posee en el cementerio Virgen del Carmen de esta ciudad reposarán provisoriamente los restos del desaparecido pastor y oportunamente en conversación con el presbiterio, para que sea lo más participado posible, se establecerá la fecha adecuada para transportarlos a esa humilde y pequeña capilla del paraje Campo Alegre.

Recordó que en 1978 Conejero junto con la hermana María Remedios Monge, hace 33 años, acompañó a monseñor Scozzina hasta ese sitio donde existe una imagen de la Virgen de los Pobres.

“Ya en esa ocasión intuí ese deseo suyo en la posteridad, de que se quería quedar por ese amor entrañable a esta advocación. Y es curioso. Un 11 de junio fuimos allá, coincidentes con el día que él murió. No sé si son coincidencias o providencias. Hoy es también San Antonio, franciscano y se celebra también en la Argentina, por pedido del episcopado, la memoria de María Madre de la Iglesia, en el lunes de Pentecostés”, reflexionó.

Dijo, además, que el 21 de noviembre de 1964 en la clausura de la tercera sesión del Concilio Vaticano Segundo a la cual él asistió como participó de las dos anteriores y en la siguiente, siempre le gustaba comentar que cuando Pablo VI proclamó, a pedido de los Padres Conciliares este título honorífico a María como madre de la iglesia, siendo testigo escuchó el aplauso más prolongado de su vida y el mayor que fue dado a lo largo de las cuatro sesiones del Con cilio Vaticano II.

“Así que pareciera que providencialmente lo acompañan todo: la Pascua de Pentecostés, San Antonio, fraile franciscano menor como él, María Madre de la Iglesia….ya ven, el Señor tiene todas estas felices providencias más que coincidencias, verdad?”, planteó para subrayar que se trata de un hecho que “ hay que leerlo desde la fe”.

Resaltó la personalidad del obispo muerto e invitó a que su trayectoria sea “un testimonio vivo, que debe provocar en nosotros el deseo de la pobreza de la santidad evangélica y de la fidelidad y perseverancia hasta el final de nuestra vida”.

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