El móvil de la Seccional Tercera llegó puntual, a las 7.30 de ayer, con el detenido más renombrado de los últimos tiempos.
Su poncho gris, con que el que tantas noches se lo vio en la trastienda de la Fiesta Nacional del Inmigrante, ocultó las esposas de la vista del personal judicial.
Un abrigo ligado a tantas alegrías y anécdotas como maestro de ceremonias del tradicional evento, se convirtió de repente en una fachada para ocultar la vergüenza.
Santa Andrea sólo se notificó de la causa y se abstuvo a declarar por expresa recomendación de sus abogados, quienes primero pretenden interiorizarse del expediente para planear la estrategia defensiva y asesorar a su cliente.
En principio, el locutor contrató a dos cotizados defensores del ámbito local, quienes durante el fin de semana delinearían los pasos a seguir.
Paralelamente, sus familiares continúan a la búsqueda de un certificado médico que les permita trasladar al detenido a un centro asistencial en salud mental.
Según averiguó El Territorio, en una clínica privada le solicitaron 3 mil pesos por día, aunque para ello restaría el aval de un profesional que certifique alguna afección de salud.
De todas formas, al momento de su detención el acusado se hallaba desempeñando sus tareas habituales como secretario del Concejo Deliberante obereño, por lo que todo hace suponer que se encuentra bien de salud.
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