Obama recibió al Dalai Lama, pero procuró no irritar a China

El presidente de Estados Unidos se reunió con el líder religioso, pero no con el protocolo correspondiente a un jefe de Estado como en el pasado. Es para no molestar a Beijing porque necesita su financiamiento para sostener su déficit fiscal.
La reunión no pudo tener un perfil más bajo. El presidente Obama recibió al Dalai Lama ayer en la Sala de los Mapas. El líder religioso tibetano no tuvo acceso al Salón Oval que es donde tienen lugar los encuentros con dignatarios. Las cámaras de televisión no tuvieron autorización para registrar el momento. Y al terminar la reunión no hubo una conferencia de prensa conjunta como suele suceder en estas ocasiones.

De todas maneras, se espera una reacción virulenta del gobierno chino. La tensión provocada por la reunión de ayer se sumó a los roces por la reciente venta de armas estadounidenses a Taiwan. Fue llovido sobre mojado.

Si bien nadie sabe con exactitud cuáles serán las represalias, una que se barajaba ayer en Washington es que el presidente chino, Hu Jintao, cancele su participación en la Cumbre sobre Seguridad Nuclear que tendrá lugar en Washington, en abril, y a la que han sido invitadas todas las potencias nucleares y 30 países más, entre ellos Argentina.

Convocada por Obama, el propósito de esta cumbre es discutir cómo se puede coordinar mejor una respuesta multilateral al peligro nuclear. Desde que asumió la presidencia hace poco más de un año, Obama ha tratado de convencer a China de que apoye los esfuerzos para impedir que Irán siga adelante con su plan nuclear. Pero todavía no ha tenido éxito.

China tiene mucho que perder si las Naciones Unidas impone sanciones contra de Irán. En los últimos años la relación entre Beijing y Teherán se ha fortalecido no sólo en lo económico sino también desde el punto de vista político.

Irán exporta actualmente a China 448.000 barriles de petróleo por día, lo que representa el 15% de su consumo total. El comercio entre los dos países alcanzó en 2009 a 36.500 millones de dólares, siendo China el principal socio comercial de Irán.

Hasta ahora Obama buscó mantener una relación cordial con China no sólo por cuestiones de geopolítica nuclear sino porque EE.UU. necesita el financiamiento chino para poder sostener su déficit fiscal. Esta semana China vendió una cantidad récord de activos estadounidenses: 34.000 millones de dólares. Desde entonces Japón desplazó a China como el mayor acreedor de EE.UU.

Sea como fuere, en un año electoral y muy criticado internamente por una oposición republicana que no cede, Obama no podía abrir un nuevo flanco de ataque. Es evidente que su estrategia de "apaciguamiento estratégico", es decir, minimizar el tema de las violaciones de los derechos humanos en China (algo que George Bush mencionaba continuamente) para no irritar a Beijing no dio los resultados esperados. La reunión de ayer con el Dalai Lama tendría que haber tenido lugar en agosto del año pasado y fue postergada, porque en vísperas de la primera cumbre con el gobierno chino, que tuvo lugar en noviembre, Obama no quería provocar turbulencias. Pero, este año no podía volver a postergarla sin que los republicanos aprovecharan la ocasión para acusarlo de "débil".

En una muestra de cuán serio es para China el tema, Beijing postergó la partida de su embajador Zhou Wenzhong, prevista para ayer, hasta el mes que viene.

Sin embargo, el gobierno cumplió con uno de los pedidos de la Casa Blanca y retomó las negociaciones con representantes del líder tibetano. Según el Washington Post, la reunión que tuvo lugar el mes pasado duró cinco días. Los resultados no fueron concluyentes, pero el gobierno chino anunció un paquete de 60.000 millones de dólares para el desarrollo en el Tibet, un reconocimiento de que los tibetanos han recibido menos que otros departamentos de China.

En otro gesto de acercamiento, esta semana el gobierno chino autorizó el ingreso del portaaviones Nimitz al puerto de Hong Kong cuando, en el pasado, en otros momentos de tensión bilateral, ningún buque militar podía acercarse a un puerto chino.

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