Un oasis sin agroquímicos: sólo cultivo orgánico y autoabastecimiento

Ejerce la agricultura natural, de allí se alimenta y vende sus frutas y verduras a buen precio en distribuidoras de Buenos Aires. Filosofía oriental, arado a tracción a sangre: nada de gasoil ni herbicidas.
Entre hileras de quinua, porotos, papa araucana y maíz colorado, LA VOZ camina junto a Damián Colucci (30), padre de dos hijos y amante de la agricultura natural y la vida autosuficiente. En su granja, Monte Callado, a 10 kilómetros del paraje “El Gallo”, una bolsa de papa -30 kg- rindió 50 pesos en la cosecha pasada, contra 18 que sacó un papero de raíz tradicional. Construcción en barro, baño seco, percherones fuerza del arado, y un marco muy amigable con la tierra.

-?Cómo describiría a la agricultura natural, tan distinta de los métodos tradicionales?

-(Damián Colucci) Viajé por distintos puntos del país, así como Japón y Grecia, donde trabajé con métodos de agricultura no agresivos con la tierra: se puede producir alimentos de mucho mejor calidad que los comunes y cultivar infinitamente, manteniendo los suelos sanos.

-?Qué sucede con los costos?. Aquí trabaja a menor escala…

-Sí, trabajo a menor escala porque utilizo caballos, tracción animal. Actualmente tengo 6 percherones. Los costos son menores, y no tengo insumos: acá no se consume gasoil. El costo es cero: si el año es bueno climáticamente, es todo ganancia; si el año es malo, no perdés nada.

-?Cuáles son los cultivos que predominan en tu chacra?

-Papa, trigo –tengo un pequeño molino harinero-, zapallos, carne bovina y ovina, huerta y frutales. Un poco de todo.

-?La mano de obra la realiza usted solo?

-Ahora un amigo me ayuda acompañando el proyecto, generalmente estoy con él, pero generalmente lo hago solo.

-?Cuántas hectáreas producidas posee?

-Tres hectáreas de trigo, 3 de maíz, 2 de papa, 1 de zapallos, 5 de frutales; y en el resto del campo es todo natural, donde están los animales.

NO A LOS QUIMICOS

-?Usted rechaza todo tipo de fertilizantes y herbicidas?

-No uso fertilizantes químicos, herbicidas ni insecticidas, nada de origen químico. Hay una gama muy amplia de fertilizantes, abonos verdes, rotación de cultivos, campo mixto –ganadería y agricultura-.

-Un buen rinde, con clima a favor: ?le permite costear sus gastos sin inconvenientes?

-Yo me dedico 100 % a la agricultura natural. Es muy rentable y con pequeñas superficies se puede vivir. Cualquier persona te dice que con 100 hectáreas una familia no vive. Y yo digo que con 13 hectáreas una familia puede desarrollar una economía que le permite abastecerse.

-?Usted se autoabastece en materia alimentaria?

- Casi toda la comida la saco de acá, porque los cultivos que no hago para la venta son para consumo personal: batata, cebolla, por ejemplo.

-La soja transgénica es uno de los mayores negocios de la Argentina y motor de la economía nacional. ?Qué opinión le merece la explotación del ?yuyo??

-En realidad estoy en contra de todas las explotaciones, no sólo de la soja. Explotación es una palabra que está mal ubicada; así como todos vemos mal explotar al hombre, explotar la tierra yo también lo veo mal. Hay que enfocar la cuestión de otra manera. Explotar la tierra para producir soja es tan dañino como producir trigo, maíz o cualquier alimento. A la corta o a la larga arrastran un montón de problemas, de salud y a la tierra.

-?Usted ve perjuicios económicos en la explotación macro?

-Sí, la soja es un gran negocio porque se cultivan millones de hectáreas, pero económicamente es malísimo, el campo se produce durante 6 meses, y luego queda un desierto donde no se puede poner ni siquiera un animal para comer porque el glifosato no deja nada. Además, la maquinaria agrícola, gracias al petróleo hoy puede funcionar, pero en realidad es un negocio a muy corto plazo y malísimo. En Europa, los estados mensuran los costos que tiene limpiar el agua por la contaminación de los agroquímicos, entonces el Estado paga a los agricultores para que no usen químicos.

“A contramano del mundo”

-?Qué experiencia se trajo de su viaje por Japón y la filosofía de Masanobu Fukuoka?

-(D.C.) Básicamente lo que trato de recrear aquí: se puede vivir en la tierra sin dañarla, cultivando infinidad de alimentos y ser feliz.

-?Cómo repercutió esta práctica en los ruralistas de la zona?

-En los primeros años, no sólo me ignoraron sino que ni siquiera entraban a la granja porque tenían miedo de ver quien era ?este personaje al que había encerrado su padre porque se había portado mal?(risas). Y después, como vieron que funcionaba, a mi manera, creo lo notaron novedoso pero no aplicable a su modo de producir. Esto lleva mucha mano de obra, vivir en el campo, te tiene que gustar. Y hoy se apunta a lo contrario: ir por lo más cómodo y rápido. Esto está a contramano del mundo, pero daría muchísimas fuentes laborales, la gente podría vivir en el campo dignamente, eso –claro- demandaría una especie de revolución. En sí, lo mío no es nada nuevo, es volver a los tiempos de antes.

-Usted captó el interés de mucha gente y programó encuentros en “Monte Callado”…

-Sí, eran dos jornadas mensuales, donde se hacían prácticas reales, más que un curso. Es la mejor manera de aprender.

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