"Nunca quise alejarme de este hospital"

"Nunca quise alejarme de este hospital"
El ministro de Salud recibe a La Tecla en el hospital Ramón Carrillo. Si bien ya no es director, sigue yendo todos los martes y jueves. ¿Qué significa ese lugar para él? Además, sus inicios en la medicina, el PJ, Independiente y mucho más

La Dirección del Hospital General de Agudos Doctor Ramón Carrillo de Ciuda-dela (Tres de Febrero) está atestada de gente. Es martes a la mañana.

El ministro de Salud de la Provincia, Alejandro Collia, ex director de la institución (de 1996 a 2008), recibe a viejos pacientes y conocidos que, por una cosa u otra, llegan al lugar para verlo. El ritual se repite todos los martes y jueves, salvo que la agenda ministerial lo impida. Luego de atender a doce de los visitantes, se sienta en su despacho y aprovecha la entrevista con La Tecla para recordar viejos y buenos momentos, y también los otros, los no tan buenos.

-¿Qué significa este hospital para usted?

-En este hospital fallecieron mis padres, a pesar de que tanto mi hermano como yo contábamos con una obra social importante. Acá me pasaba el día entero. Venía a las siete de la mañana y me iba a las ocho o nueve de la noche. Muchas veces me quedé a dormir; en una oportunidad, un mes y medio seguido.

-¿Por qué se inclinó por la medicina?

-En principio, porque me golpeó muy fuerte una situación de mi abuelo. Yo tenía seis años y me quedó la imagen de cuando lo trasladaban en una ambulancia. Me daba la impresión de que se lo llevaban. Eso me quedó muy marcado (se le llenan los ojos de lágrimas y hace una larga pausa). La edad, el momento, la ventana (otra pausa).

-¿Sentía como una desesperación por no poder hacer nada?

-No sé. Recuerdo eso. Esa situación me estimuló a seguir con la carrera de medicina. La necesidad de querer tender una mano, el hecho de ser solidario. Y mi hermano también tuvo que ver. El se recibió antes que yo.

-La mayoría de los adolescentes, cuando están por terminar el secundario, tienen dudas respecto de la carrera que van a seguir...

-No, nunca tuve dudas. Siempre supe qué era lo que quería para mi futuro, y si volviera a empezar, haría lo mismo; cambiaría sólo algunas cosas (risas).

-¿Cómo fue la vida de estudiante?

-¡Uh, fenomenal! Estudié en La Plata. Hice grandes amigos, que hoy incluso son directores de diferentes hospitales.

-¿Dónde pasó la infancia?

-En Parque Chacabuco, Capital Federal.

-¿Y por qué decidió estudiar en La Plata?

-En aquel momento se entraba sin tener que hacer el curso de ingreso, y se tenía en cuenta el promedio. La idea era entrar y después volver a Buenos Aires, pero, finalmente, me quedé.

-¿Se quedó por amor?

-(Risas). No, nada que ver. En realidad, con eso de que no tenía que hacer el ingreso tenía los dos meses de verano para irme afuera, si no me tenía que quedar estudiando todo el verano. Y dije: “Entro en La Plata y después veo (risas)”. Tenía 17 años, entiéndanme. Siempre fui de acomodar los tiempos como para que me quede lugar para disfrutar de la vida.

-¿Antes de meterse en la medicina, trabajó de otra cosa?

-Mientras estudiaba trabajé con mi papá, que tenía una fábrica de estampado de metales.

-¿Qué especialidad tiene su hermano?

-Es médico clínico, y es el secretario de Salud del Municipio de Tres de Febrero.

-¿Cómo es la relación con él?

-Buena (risas). Nos queremos y nos respetamos mucho, pero cada uno tiene su personalidad y sus diferentes opiniones. Como los dos tenemos el ADN de don Angel y doña Ester, nos queremos...

-Pero se putean seguido...

-No siempre... (risas).

-Pero cuando se agarran, se agarran...

-(Risas) Alguna que otra vez, pero está bueno eso.

-¿Vivió en La Plata o iba y venía todos los días?

-Viajaba a La Plata casi todos los días, junto a un grupo de compañeros.

Interrupción y una historia

Mientras se lleva adelante la entrevista, un hombre entra en la oficina, sin golpear. Se trata del secretario de Seguridad de Tres de Febrero, Roberto Torres, un tipo de sonrisa fácil, del cual podría decirse que le debe la vida a Collia.

“Los muchachos son de La Tecla, así que tené cuidado con lo que vas a decir”, le comenta el ministro, entre risas.

R.T.: -La Tecla es la mejor revista del mundo (risas generales).

A.C.: -Aparte de haber sido un paciente al que operé, es un gran amigo.

R.T.: -En off, te digo algo que digo en un montón de lugares...

A.C.: -No, no digas nada...

R.T.: -Cuando elijan el mejor ser humano del mundo, aunque sea buen político, malo o regular, en la terna tiene que estar este muchacho (por Collia).

A.C.: -Callate, dejate de joder...

R.T.: -Como neurocirujano me operó a mí, casi un imposible...

A.C.: -Este fue uno de los últimos que operé. También traje acá al equipo de neurocirujía. Mi equipo de neurocirujanos fue el que operó al “Negro” Fernando Cáceres. ¿A vos en qué año te operé? (pregunta Collia a Torres).

R.T.: -El 9 de agosto de 2005.

A.C:.-Ahí dejé. Ese año también operé a mi cuñada, por un problema en la columna. Siempre digo que algún día voy a volver a hacer algo, pero no se ha dado. De todos modos, los chicos que operan acá hacen de todo.

-¿Por qué la neurocirugía?

-Porque me gustaba la cirugía y porque neuro fue una de mis últimas materias. En el examen me saqué un diez, y me recontra entusiasmé.

R.T.: -A él nunca lo van a poder operar del corazón, no hay quirófano que pueda...

A.C.: -Pará... dejate de joder... (a La Tecla) Ojo, éste no es mi novio, eh (risas).

R.T.: -La única verdad es la realidad. Juan Perón. Hasta luego (más risas, y Torres se va de la oficina).

A.C.: -Este me hizo temblar las piernas, te lo juro.-¿Por qué?

-Es difícil operar a un amigo.

-¿Cómo juega lo emocional?

-Juega un papel importantísimo. Fue una operación muy complicada para mí. Te di-ría que fue la peor cirugía de mi vida. En un momento creí que me moría yo. Son ciru-gías que se complican, que sangran, que no sabés si tocás algo que en realidad no hay que tocar. Tenía un tumor en el tronco cerebral. Por suerte salió todo bien.

-Si tan bien le iba como médico y tanto le gustaba estar al frente del hospital, ¿por qué se volcó a la función pública?

-Porque tenía que ver con lo que había pensado hace cuarenta años, cuando adherí al peronismo, este gran movimiento transformador que siempre está más preocupado por los que menos tienen y por intentar resolver las injusticias sociales. Era una elección entre lo individual y lo colectivo. Tranquilamente podría haber optado por mi desarrollo personal, pero preferí la función pública. En cuanto a la neurocirugía, ya había hecho todo lo que más o menos me había propuesto, no había mucho más.

-¿Eso de venir los martes y los jueves es lo que le queda de médico?

-Lo que queda es que no abandoné al equipo de trabajo. Si bien los actuales directores y jefes de servicio están comprometidos con el trabajo, yo no quise irme nunca, ni desentenderme de este hospital. Además forma parte de mi jurisdicción, es uno de los 77 hospitales de la Provincia. Venir acá me da la posibilidad de atender a muchos de los directores de hospitales de la zona, que, de esa manera, se ahorran el viaje a La Plata.

-¿No hay martes y jueves que falte?

-No, a veces no se puede. El armado de la agenda lo arranco con el martes y el jueves acá, pero si Scioli me dice que tengo que ir a algún lado, suspendo la venida y las entrevistas quedan para la próxima.

-En la puerta de la dirección había mucha gente esperándolo. ¿Hace una selección para ver a quiénes recibe?

-No, para nada. Yo estoy acá desde hace muchísimos años. A algunos los atiendo enseguida, a otros les digo que me esperen, y a otros que vengan la semana siguiente. La mayoría de la gente ya sabe cómo funciona esto, y los que no, se enteran en el momento.

-¿Hay mangazos, también?

-Lo importante es que estamos cerca de la gente. Atendemos a todos. A veces la respuesta es “no tenemos”, o “andá a hablar con el intendente o a Desarrollo Social”, o “vení otro día”. Pero no sólo me pasa acá, también me ha sucedido en la cancha.

-¿Cómo en la cancha?

-El otro día estaba en la cancha de Vélez, sufriendo con Independiente, y una persona se me acercó y me preguntó por la fertilización asistida. No era el mejor momento, pero le saqué las dudas que tenía. A mí me importa mucho la gente. Siempre digo que no me imagino a doña Leopolda y a don Marcial, mis abuelos, ingresando en un hospital y no sabiendo dónde tienen que ir porque no están los carteles indicadores. Hay que estar en todos los detalles. Con esto te quiero decir que hay que atender a cualquier persona, en cualquier lugar, y que sientan cómodos.

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