UNO lanzó durante la semana una consigna entre sus lectores: “¿Qué cambiaste de tu vida para reducir gastos?”. Comprar más en comercios mayoristas y de barrio es una de las estrategias más recurrentes
Aquello que antes estaba reservado solo para el ámbito académico o los especialistas en la materia, se extiende hoy, incluso, al debate de sobremesa: quién dijo eso, en base a qué dato se puede hacer tal afirmación, según qué índice de precios al consumidor, basado en qué consultora privada, etc. Una búsqueda rápida en Google da algunas pautas de por qué estas pequeñas disputas se multiplican: en marzo, con un solo día de diferencia, dos sitios digitales importantes reproducen la misma noticia con una afirmación diametralmente opuesta. Mientras uno dice que las ventas en supermercados crecieron un 30% en los primeros meses de este año, el otro afirma que cayó poco menos de un punto porcentual. La diferencia está en la valoración de todas esas variables que mencionábamos anteriormente.
Lo que se escapa en todas esas discusiones, que suscitan un gran interés, es la contracara del fenómeno inflacionario y la disputa que se ha desatado por el control de precios, esto es: ¿qué hábitos vienen modificándose a partir de esta situación? ¿Cómo enfrenta el ciudadano común, dentro de su rutina de consumo y costumbres cotidianas los cambios que se han presentado en los últimos meses?
En base a este interrogante UNO lanzó durante la semana una consigna entre sus habituales lectores: “¿Qué cambiaste de tu vida para reducir gastos?”, fue la pregunta que se propuso y a la cual respondieron a través de mensajes de texto y redes sociales.
Uno de los puntos donde hubo coincidencias es en el transporte público: muchos afirman haber abandonado en gran medida el hábito de tomar taxis y remises, optando por el colectivo o, cuando se trata de distancias más cortas, simplemente por la caminata. Ese servicio, a pesar de los aumentos en el transporte urbano -el último de los cuales se instrumentó hace dos semanas-, se ha vuelto más inaccesible en comparación con otras épocas.
Otra modificación en las costumbres de consumo entre los paranaenses, y tal vez la más importante, es que se cambió en muchas oportunidades al supermercado para empezar a hacer las compras en los negocios de rubros específicos. Este tipo de comercios -granjas, verdulerías y carnicerías, entre otros- suelen presentar precios más bajos y tienen la ventaja de vender la mercadería según la cantidad que el cliente desea. “Hay que comprar solo lo necesario, lo demás lo podés conseguir en el barrio, como productos de limpieza sueltos”, explica una lectora, mientras otra señala en la misma línea: “Comprar mayorista para ahorrar unos centavos”. Otra constante en las respuestas fue que “se buscan precios antes de comprar” y que ahora “se compra solo lo necesario”.
Mensajes a la redacción
Marcela: “Buscar precios, comprar lo necesario. Y no ir al centro para no tentarme y comprar algo que no necesito, que puede esperar”.
Luisina: “Hay que comprar solo lo necesario: pañales para los chicos, leche y comida principalmente. A lo demás lo podés conseguir en el barrio, como productos de limpieza sueltos”.
Ana: “Se sale menos en remís. Ya es caro”.
Liliana: “Compro en el súper solo lo que no puedo conseguir en otro lado. El resto de las compras las hago en comercios del barrio. No sé si ahorro mucho, pero prefiero comprar ahí”.
Romina: “Harina en vez de comprar pan”.
Diana: “Siempre lo más barato, y a veces lo más barato no es bueno para la salud”.
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