Por: Adela Segarra.La lucha por los derechos de las mujeres ha concebido importantes trasformaciones sociales. No sólo porque en esta lucha hemos podido develar y desanudar significantes sociales que dan crédito a argumentos que naturalizan la discriminación y la desigualdad.
Esta convicción es la misma que nos ha llevado a una Argentina distinta, una Argentina mas inclusiva, que no sólo garantiza derechos con un Estado presente, sino que los amplía y restituye. Las políticas económicas y sociales que se han impulsado desde el 2003 y las últimas medidas que nuestra presidenta ha anunciado (vacuna contra el HPV, Asignación Universal por Hijo a embarazadas), lo demuestran. Estamos en una etapa distinta, tenemos como presidenta a una compañera.
También las leyes que las mujeres le hemos arrancado a los incansables pregoneros del oscurantismo, la injusticia y la desigualdad, (ley contra la trata, ley de salud sexual y reproductiva, ley contra la violencia de género).
Si bien esta nueva etapa nos posiciona en un lugar distinto, y a pesar de los avances y del protagonismo que el género ha ganado, nos espera un cambio cultural profundo, que condene socialmente la violencia y la discriminación.
En el 2010 han sido asesinadas por sus maridos, ex parejas, novios, amantes, 260 mujeres. Hermanas, trabajadoras, madres, compañeras. Estos hechos monstruosos, estos femicidios, que este año ha sumado a seis víctimas, no sólo expone la inoperancia judicial, la no aplicación de artículos como el de pena agravada por el vínculo a la hora de la sentencia. Además revela la necesidad de debatir la tipificación de este delito.
Nos espera también un debate sobre la igualdad de oportunidades de desarrollo, sobre las condiciones de trabajo de las mujeres, la concentración femenina en los empleos precarios y peor pagos, y la falta de guarderías accesibles para que las mujeres podamos equilibrar responsabilidades laborales y familiares. También sobre la posibilidad de decidir sobre nuestra sexualidad y nuestros cuerpos.
Estamos en una etapa distinta, pero debemos continuar con el mismo compromiso y las mismas convicciones que miles de mujeres han tenido, y seguimos teniendo para construir un país con más desarrollo, con más justicia social.

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