El nuevo centro para jóvenes peligrosos costará $40 millones

El nuevo centro para jóvenes peligrosos costará $40 millones

Es el edificio que el Estado construye en Cacheuta para 20  menores que hoy están alojados en el ex COSE. Pese a la inversión, no se los podrá trasladar, porque una jueza cuestionó que la obra no tiene prevista la prestación de salud y educación

A 34 kilómetros de Ciudad, casi frente a la cárcel en Cacheuta, en un predio reforzado por cierres perimetrales de 5 metros de altura, el Gobierno construye lo que será el próximo centro de régimen cerrado para 20 menores peligrosos que hoy están internados en el ex COSE. En el edificio –se mostró 2 días después del último motín– se invertirán en total $40.000.000 y si bien a la obra le falta el 15%, por el momento los jóvenes no podrán ser trasladados ya que una asociación de derechos humanos presentó un planteo judicial para proteger la integridad física de los internos, y una jueza penal de menores cuestionó 23 aspectos de la obra.

“De lo que cuestionó la asociación Xumek y confirmó después la jueza (Mariana) Zavi, faltaría cumplir con 8 o 9 puntos, porque el resto está contemplado. Ellos plantean que no está prevista la educación y la prestación de salud para los menores, y también dicen que al estar lejos se les cercena la posibilidad de visita. Para la educación se han alquilado 5 módulos acondicionados para que reciban clases. Además se construyó un espacio de atención e internación para primeros auxilios y tendremos a disposición una ambulancia del Ministerio de Salud para traslados de emergencia”, apuntó ayer Isaac Morales, el director del Sistema de Responsabilidad Penal Juvenil, quien hizo de guía en el recorrido de Diario UNO por las instalaciones.

Según el funcionario, el Gobierno planea colocar un micro para los familiares de los internos, pidió al Ministerio de Transporte más frecuencias a Cacheuta y se ampliarán las visitas de 9 a 17, dos días a la semana.

A la hora de defender la obra, Morales destacó que es parte de un proyecto más general que prevé que ese sea el único centro cerrado para los menores más peligrosos, y que el actual edificio en el que funciona el ex COSE se transforme en dos centros, uno semiabierto y otro abierto.

“Si bien acá tendrán pautas de convivencia más marcadas, la idea es que estén internados un mínimo de 6 meses para que puedan seguir un plan psicológico y de capacitación laboral. Queremos darles talleres de agricultura, carpintería y metalúrgica orientados a la vitivinicultura, con el fin de que salgan obreros calificados y puedan tener un empleo. Para eso también está planificada una minibodega”, se explayó Morales.

El centro tiene 10 habitaciones para dos internos cada una, que además de la cama cuentan con una mesa, un banco y un sector para su ropa. Además posee un SUM (salón de usos múltiples) con calefacción central que hará de comedor y espacio para que cada interno pueda compartir con sus familiares.

A esto se le adosó un baño de visitas con cambiador para bebés y se evalúa un sitio para visitas íntimas.

 “Celdas secas y grises”

Otro de los cuestionamientos judiciales a este centro  fue que las habitaciones o celdas no tienen agua ni inodoros adentro y están pintadas de color gris, lo que deprimiría aún más a los jóvenes que fueran alojados allí.

“La idea de que no tengan agua es porque esto no es una cárcel y no pretendemos que estén encerrados de manera permanente. Cada vez que un interno quiera salir al baño de noche se lo tendrá que pedir al operador y éste tendrá que abrirle la habitación. El tema de la pintura, ya lo habíamos previsto y será blanca”, concluyó Morales.

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