El proyecto de reforma de los Códigos Civil y Comercial, que en su presentación y puesta en vigencia, datan de 1869 y 1871, respectivamente, nos llama a la reflexión sobre las visiones que algunos sectores encontrados han tenido.
Estas modificaciones tienen que ver con aspectos cruciales y cotidianos de nuestras vidas, desde que nacemos hasta que morimos.
Rige nuestros actos en sociedad, en toda la sociedad y para todos los hombres y mujeres. Y aquí encontramos en nudo de lo que tenemos que entender como pueblo y nación.
Estos códigos no pueden ser un traje a medida de nadie. Y son la regla para todos, al mismo tiempo.
Se queja la Iglesia por el matrimonio igualitario. Se quejan los movimientos pro aborto porque no se avanza en ese camino. Se quejan muchos kirchneristas porque hubo guiños hacia el poder católico. Se quejan los pueblos originarios porque no se avanzó en los artículos relacionados con la propiedad social de la tierra. Se quejan los poderosos si el estado se hace fuerte. Se quejan opositores, se presente lo que se presente, se haga lo que se haga, se diga lo que se diga.
Por todo esto, y porque estos nuevos Códigos Civil y Comercial simplificados promueven permanentemente el concepto de la “autonomía de la voluntad”, y retiran al estado de ese rol de guardián de determinaciones privas y personales, por todas estas razones, consideramos que es un gran paso adelante, un avance.
No es un traje a medida para ningún sector, y refleja los cambios, el crecimiento y las demandas de una sociedad argentina variada, abierta, plural, democrática y moderna.
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