En la calle Cubillos, yendo para Valle Grande, se pintó ayer la estrella que recuerda al joven motociclista fallecido cuando un carro se desprendió del automóvil que lo remolcaba. En lo que va del año, 34 muertes sitúan al departamento a la cabeza de una desgraciada estadística.
Desde ayer, una estrella amarilla pintada en el pavimento de Valle Grande recuerda a Diego Salina. En su inmenso dolor, familiares y amigos del joven dejaron este mensaje que, por un lado, testimonia la irreparable pérdida, y por otro, marcará a cada persona que transite por el lugar indicándole que en ese preciso sitio la tragedia se abatió sobre una vida humana, y que en la conciencia de cada uno está hacer lo posible para que esta triste experiencia no se repita.
La estadística de víctimas sigue aumentando. Ayer se sumaron dos nuevas muertes al estrellarse contra un árbol mientras circulaban por Adolfo Calle. Con estas, totalizan ya 34 muertes en lo que va del año, repitiendo al igual que en años anteriores el privilegio triste que tiene San Rafael de ser la ciudad con más víctimas fatales de accidentes de tránsito de la provincia y una de las más altas del país.
Los allegados a Diego pintaron la estrella y también escribieron mensajes y dedicatorias. Su novia dibujó un corazón coronado por una aureola, y las iniciales de ambos, en uno de los momentos más emotivos del encuentro.
Diego era un joven estudiante universitario que volvía de comer un asado familiar en Valle Grande, cuando se cruzó con un automóvil que llevaba un carro de tiro "en deplorable estado y sin ninguna medida de seguridad", según consta en el expediente judicial, que se había desprendido antes en la avenida Balloffet y en ese momento estaba atado con un cable de computadora.
A partir de conocer esto, la familia de Diego no tuvo paz. De pensar que se había tratado de un accidente, pasaron a una búsqueda desesperada de justicia por su hijo. Segundo Salina, su padre, expresó a Diario San Rafael luego del accidente: "Cuando estaba en el hospital me preguntaron si era un Torino. 'No sé, no he averiguado', contesté. Cuando pregunté por qué me habían consultado eso, me contaron que ya se le había desenganchado antes en la avenida Balloffet y lo habían atado con alambre, un carro que llevaba no sé cuantos kilos, entonces cambió mi pensamiento, mi vida, la forma de cicatrizar la herida. Cuando sabés que te lo mataron… Esto no es negligencia, saliste a matar".
A partir de ese momento, la familia lucha para que la causa sea recaratulada como "homicidio con dolo eventual", situación que deberá resolver la fiscal Alejandra Becerra, en reemplazo de la de homicidio culposo, que el Código sanciona con penas que van de los seis meses a los cinco años de prisión e inhabilitación especial.
La Justicia suele ser renuente a estos cambios pero, en caso de aceptarse el pedido de la familia, la causa deberá trasladarse al Juzgado de Instrucción que se encontraba de turno al momento del accidente.
Se han escuchado todo tipo de ideas y propuestas sobre cómo disminuir los accidentes fatales. Campañas, sanciones, culpas de las autoridades, inobservancia de la ley. Pero hay un lugar recóndito de la conciencia de cada uno donde puede estar el cambio. Mientras no se llegue a ese lugar, y entienda cada persona que cuando se conduce hay vidas en riesgo, no va a haber campaña que sirva. El cambio no está en la ley, en la pena, en el monto de la multa. Está en cada uno.
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