Una nueva audiencia por el juicio oral y público que se le sigue a Rubén Lucero por el asesinato de Lidia Molina, se desarrolló ayer, siendo lo más destacado el testimonio del oficial de policía Fernando Rainieri, quien dio una versión totalmente distinta a la aportada por el otro oficial Alejandro Báez, acerca del día en el que supuestamente se encontraron en una clínica privada.
El primer testimonio escuchado ayer, fue el del médico Víctor Chullia, quien investigó el útero de la víctima, asegurando que no había encontrado muestras que indicaran el embarazo de Molina. Esta confirmación de que Molina no estaba embarazada al momento del hecho, termina con la hipótesis que se llegó a manejar, y que indicaba que el móvil del asesinato habría sido porque una pareja de la víctima quería abortar, mientras que Lidia, no.
Otro testimonio interesante, fue el de Jorge Cabañez, quien era encargado de la obra en donde trabajaba Lucero y donde se encontraron pertenencias de la víctima en un pozo séptico. Cabañez dijo que lo llamaron cerca de la hora 15:00 para avisarle que iba a realizarse un allanamiento a la hora 17:00 en la obra en construcción, algo demasiado llamativo porque la idea de los allanamientos es que sean sorpresivos. También señaló que dos o tres veces por semana se tiraba cal viva en el pozo para mitigar los olores y que el acusado lo hacía habitualmente, algo que contrasta con quienes aseguraron que fue raro ver a Lucero llevando cal al pozo el día posterior a los hechos. Para Cabañez fue el martes o miércoles, en referencia al 29 o al 30 de agosto de 2006.
Adrián Chávez, otro compañero de trabajo de Lucero, dijo que cuando el acusado se reintegró a las tareas, luego del asesinato de Molina, lo notó muy dolido y que se aisló del grupo que compartía los descansos laborales.
A su turno, Hugo Chavero, quien era jefe de la Policía en la época de los hechos, hizo gala de tener una pésima memoria, puesto que, si bien aseguró que, de la investigación, se hizo cargo la División Delitos, a renglón seguido expresó que “mucho antes que yo fuera jefe (de la Policía), ya se usaba esta metodología”. Algo que se contrapone considerablemente con lo testimoniado, en su momento, por Sergio Funes, jefe de la Comisaría de La Punta, quien había dicho que el día anterior al hecho, se había decidido que “todo homicidio y todo robo calificado grave, debía hacerse cargo División Delitos y debutaron con ese homicidio (de Molina)”.
Ante una pregunta de la defensa, acerca si tenía conocimiento de apremios ilegales sufridos por Lucero, negó tácitamente haberse enterado del tema. Ante esto, Lucero pidió hacerle preguntas, lo que generó un debate entre el querellante Mario Zavala y el tribunal, sufriendo un duro revés el abogado, puesto que el tribunal rechazó en pleno su propuesta de que se le negara a Lucero su derecho a defensa a través de preguntas a los testigos (ver nota aparte).
Al final de la audiencia, fue el turno del testigo Fernando Rainieri, quien se explayó sobre su actividad realizada los días 28 y 29 de agosto de 2010. Rainieri fue citado por Alejandro Báez, como con quien se había encontrado en la una clínica privada, el 29 de agosto de 2006, lugar al que había ido en su auto particular; pero para pesar de Báez, Rainieri señaló que el día que encontró a éste en ese lugar, había sido el 28 de agosto y que le había señalado que había ido en colectivo porque tenía el auto roto. Ante esta contradicción entre ambos testigos, la fiscal de Cámara, Diana Bernal, solicitó que se pidan informes a todos los lugares que citó Rainieri como que había estado los días 28 y 29 de agosto de 2006; y a su vez solicitó una careo entre ambos, ante lo que el tribunal hizo lugar y ahora deberá disponer la fecha para la realización de dicho careo.
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