Nostalgia, deseos y profesionalismo

Nostalgia, deseos y profesionalismo
Mientras define su futuro entre un posible regreso a Quilmes y otras ofertas valiosas, “Junior” se arrimó hasta El Atlántico para hablar del presente personal y repasar su carrera. Mano a mano con el reciente papá de Mateo, que planea radicarse en Mar del Plata al retirarse

A Luis Cequeira le queda poco de “Junior”. Algunos rasgos de aquel chaqueño de 15 años que se vino a Mar del Plata a buscar un sueño en el básquet, permanecen. Pero a los 28, ya casado y con un niño de 5 meses, el base está cambiado. Incluso, le aparecen algunas canas. Entonces, como todo aquel que se va haciendo adulto, le agarra la nostalgia y la melancolía y le empieza a tomar el gustito a recordar.

“Junior” es el apodo con el que se lo conoce en el ambiente de la Liga Nacional, competencia en la que debutó el 18 de enero de 2002 con la camiseta de Quilmes, frente a Obras. “Ya pasaron muchos años. Parece mentira. Estoy viejo”, suelta mientras se acomoda en su visita a la redacción de El Atlántico para hablar de su carrera. “Me doy cuenta cuando, en cada receso, vengo y voy a tirar al aro al club. Hay chicos que tenían 5 años cuando yo estaba y ahora son unas bestias”, reconoce el base que viene de jugar en Sionista de Paraná y que también pasó por Regatas Corrientes y Obras.

A cada rato, Cequeira revisa su celular. Es que Mateo es muy chiquito y requiere de especial atención. Por eso, quizás su compañera, con quien ha formado una familia y a quien conoce desde hace 9 años, lo mantiene al tanto de su bebé en el transcurrir de la mañana.

La charla dura un poco más de media hora. Y en ella, “Junior” repasa su trayectoria. Desde los inicios hasta la actualidad, en la que confiesa estar un poco ansioso por su futuro. Quilmes es una chance cierta, pero de eso se hablará más adelante. Aunque no tanto. “Mi mujer es de acá y también tengo muchas amistades”, explica el chaqueño nacido el 4 de febrero de 1985 en Resistencia, que planea, una vez retirado, radicarse en “La Feliz”. “Con ella nos conocimos en el Polimodal del club, nos hicimos amigos y se fue dando. Ya hace 9 años”, refiere sobre su compañera de ruta, que lo siguió a todos lados una vez que se recibió de Profesora de Educación Física en Quilmes.

“Es un momento bárbaro en lo personal. Tengo una familia compuesta que es lo que siempre soñé. No me puedo quejar. Y en lo deportivo es un parate diferente. Porque tuve la suerte siempre de conocer mi futuro antes que terminara la Liga, ya sea renovando en un club o arreglando en otro. Hoy eso no pasa, por todos los cambios que se están generando”, explica “Junior” sobre el presente. Y agrega, para reforzar aquello de la madurez, que “quizás si me agarraba esto hace unos años, estaría nervioso y ansioso. Hoy estoy tranquilo, sabiendo que mi cabeza está en otro lado y que sea lo que Dios quiera”.

- ¿Qué se puede saber sobre tu futuro?

- En estos días se puede resolver algo más concreto. Se está hablando mucho, pero yo traté de mantenerme al margen de los comentarios sobre los clubes. Mis agentes, que son Villanueva y Raffaelli, saben lo que yo quiero.

- Tu mujer es marplatense, tenés un hijo recién nacido y a tus 28 años el contexto personal está dado como para que un posible regreso a Quilmes. ¿Los hinchas pueden soñar?

- Tengo una relación bárbara con Quilmes. Leandro (Ramella) fue mi entrenador en Inferiores y voy al club a tirar al aro. Ahí veo chicos que tenían 5 o 6 años cuando yo jugaba acá. Cada día que entro los veo más grandes. Es impresionante. Estoy viejo ya. Quilmes siempre va a estar en mi consideración, porque le tengo cariño al club y esta ciudad me dio muchísimo. Me dio a mi familia y amistades que hasta hoy están. Siempre va a ser una alternativa. Pero yo también soy un profesional y esto es mi trabajo, de lo que vivo yo y mi familia. Entonces hay que meter en la balanza un montón de cosas. Me puse muy contento con la vuelta a la A. Estuve en el tercer partido contra San Martín y la gente es impresionante. Se merecen siempre lo mejor. Pero, como dijo Leandro, el club hoy no está pasando por una buena etapa institucional. Sé que está el interés de tenerme, y les agradezco, pero hay otros que tienen propuestas económicas y deportivas. Eso lo tira para abajo un poco, porque yo con 28 años voy viendo otras cosas. Distinto sería si ya tuviera más de 30 y hubiera otra realidad en el club. Igual, todavía no se ha decidido nada.

- ¿Qué podés decir de Leandro Ramella?

- Como persona, es mi amigo. Así que te voy a hablar siempre bien. Y como entrenador, creo que ahora se lo está empezando a valorizar. Dirigió Liga B y lo tuvo a mi hermano (NdR: Martín) y a “Faca” (Piñero) en Alvear de Villa Ángela. Peleó el ascenso en su primer año, que fue todo un desafío. Lo logró en el segundo y salió mejor entrenador de la categoría. Peleó en el TNA y también lo eligieron y después, en San Martín de Corrientes, en la A, no tuvo un plantel de nombres y no lo acompañaron los resultados. Entonces rodó primero su cabeza, como siempre. Volvió por un desafío a Quilmes. Priorizó volver a su ciudad, con su familia y sus hijas y armó un gran equipo para ascender. Se lo merece. Y cómo es él, sé que no lo pudo disfrutar. Nosotros lo jodemos mucho, pero él es así, siempre quiere superarse. Ojalá este año sea el mejor. Pero la gente va a tener que tenerle paciencia. Ya que no hay descensos, tienen que foguear a los chicos del club. Porque sin presión van a estar sueltos para jugar. Es fundamental que la gente le tenga paciencia a todos.

VIAJE AL PASADO

- A pesar de que sos joven, has tenido una carrera muy extensa. ¿Recordás cómo empezó todo?

- Vine a Quilmes porque tenía en mi cabeza vivir de esto. Quería ser jugador. Tenía la oportunidad de irme reclutado a otros clubes. Pero justo se dio que venían a estudiar mi prima y una amiga y tenían un departamento. Y mi familia decidió que eso era lo mejor. Mi viejo se contactó con Quilmes y vine a probar. El primer año me “banqué” todo yo, colegio, casa y comida. Costó la adaptación, pero encontré familias que nunca me dejaron solo, hasta el día de hoy, como la de Luis Fernández, los García Merlo y los Irigoyen.

- Aguantaste esas tormentas y después empezó a salir el sol.

- Claro. Me querían de otros clubes pero yo quise volver por lo bien que la había pasado. Y en el segundo año me consiguieron media beca en el Polimodal y también me daban la comida. Jugué en la Selección Argentina de Cadetes, salimos campeones con la Primera local y el “Huevo” (Sánchez) ahí me vio, me subió al plantel de Liga Nacional a mitad de temporada y me dio minutos. Jugamos la semifinal con Estudiantes de Olavarría, entré en partidos con estadios llenos. Defendía y después me paraba en el córner. La subían Dani Farabello o el “Lata” Ibarra (risas). Viví cosas increíbles.

- Ya eras una promesa que tenía más rodaje.

- Sí. Al año siguiente ya firmé por tres temporadas. Vino el “Lobito” y jugué bastante con tipos muy experimentados. Me ayudaron mucho a mantener siempre los pies sobre la tierra.

- Después llegó el pase a Boca.

- Me fui a Boca, exactamente. Fue un pase muy hablado. Pero en ese momento se dio así. Venía jugando bastante y tenía el cariño de la gente, pero se interesaron por mí otros clubes que venían de jugar semifinales y finales. Acá en Quilmes iba a tener la misma posición que en Boca, y yo siempre me planteo desafíos. Creí que la mejor decisión era irme. Estaba cerca de mi novia, iba a un club que venía de ganar todo y en donde estaban Paolo (Quinteros), Leiva, Leo (Gutiérrez). Iba a poder sumar más minutos, pisar el mundo Boca y además era mejor la oferta económica.

- Los hinchas se enojaron.

- Algunos sí. Pero ya pasó me parece. Sigo volviendo al club y están los mismos empleados, la misma gente. No cambió mi relación con Quilmes a pesar de eso.

- ¿Tenés el deseo de volver, ahora o más adelante, para cerrar ese círculo de aquella salida polémica?

- Me gustaría. Obvio. Igualmente, la gente de Quilmes que estuvo conmigo desde que llegué, sigue estando. Estuvo siempre en cada momento de mi carrera y de mi vida. Bancaron siempre mis decisiones y yo valoro eso. Distinto sería si se hubieran enojado ellos. Pero estuvieron siempre contentos cuando yo era feliz jugando. Los que se enojaron son hinchas y los entiendo, porque acá se vive muy fuerte el básquet.

- Para colmo, en aquella temporada 2005-2006 te tocó enfrentar a Quilmes y eliminarlo.

- Sí. Ganamos en suplementario acá en Once Unidos, y yo tomé buenas decisiones en el final. Justo fue uno de mis mejores partidos en Boca, contra Quilmes. Se dio así, pero no guardo rencor. Aunque me ha dolido y los que están a mi lado lo saben.

- Pero en la 2006-2007, por ahí los de Quilmes te volvieron a tomar un poco de cariño cuando le ganaron la final a Peñarol.

- Estábamos en el hotel y la gente se acercaba a pedirnos por favor que les ganemos. Fue algo único. Mi primer título en la Liga Nacional y contra Peñarol.

DUELOS CLÁSICOS

- Un mano a mano interesante que se dio en esa final contra Peñarol y también cuando empezaste tu carrera, es el que te tocó afrontar contra “Tato” Rodríguez.

- Uy sí. Eran lindos duelos. “Tato” es un ídolo de Peñarol de siempre y yo era el nene de Quilmes. Y por mi forma de jugar, hubo algunos momentos picantes, pero nada anormal. Siempre con respeto de profesionales. No soy amigo pero nos saludamos. Siempre fuimos leales, siempre fue muy hablado, nunca hubo un golpe ni mala leche. Jugamos muchos clásicos y después muchas finales en contra. Es algo vivido y quedarán las anécdotas.

- Y ahora te toca enfrentarte con Facundo Campazzo.

- Me tocó a la inversa (risas). Me agarra de grande y él arrancando. Tiene un estilo muy particular. Va y va y va. Entonces se arman lindos duelos. Hoy Facundo es el niño mimado de Peñarol, por todo lo que le ha dado al club. Cada uno defiende lo suyo para que su equipo gane. Puede haber roces, pero todo es con buena intención.

- En el juego, ¿qué te complicaba de “Tato” y qué te complica de Campazzo?

- Son los dos muy buenos. “Tato” tenía muchas mañas y Facundo las está agarrando (risas). Estuvo varios años atrás de él así que tiene una buena escuela (más risas). Pero somos parecidos, siempre tratamos de sacar faltas así que los árbitros no nos cobran ninguna porque vivimos agarrados. Los dos tienen un muy buen tiro, aunque “Tato” por ahí iba más al poste bajo para tratar de imponer su diferencia física conmigo. Y Facundo es más parecido a mí, así que tengo que estar atento para ver para dónde va a disparar. Era y es lindo enfrentarlos porque son bases de gran nivel.

EXPERIENCIA MUNDIAL

Luis Cequeira formó parte de la Selección en el Mundial de Turquía 2010. El chaqueño, que reemplazó al lesionado Juan Pablo Cantero, problema que antes había sufrido Juan Pablo Figueroa. En la charla, “Junior” rememoró ese momento inolvidable. “Estar ahí con la Generación Dorada fue terrible. Me agarró en un lindo momento porque venía de una buena temporada en Sionista. Además, con una edad que me permitió disfrutarlo al máximo. Entender que debía aprovechar cada momento, que tenía que cumplir mi rol y escuchar a los que saben”, dijo. “Sergio (Hernández) me dio la confianza al elegirme, darme minutos. Y por suerte pude responderle”, agregó.

- ¿Qué es la Generación Dorada?

- Esos tipos son la historia del básquet argentino. Hoy, lo que han logrado tal vez no toma la magnitud que va a tener dentro de años. Son una camada que nos llevó a estar 10 años dentro de los tres mejores países a nivel mundial. Marcaron el trabajo con humildad y sacrificio. Así lograron todo lo que lograron y lo siguen transmitiendo. A los que tuvimos la oportunidad de estar y a los que están hoy con los que van quedando.

UN PICADO DE AMIGOS

¿Si cuando estás retirado querés armar un picado con amigos, quiénes serían tus convocados?

- Uh… qué difícil (risas). A Ray Legaria lo llevo, porque el “enano” es un grande. También a Leo (Gutiérrez) y Martín (Leiva). “Juampi” Sánchez, mi testigo de casamiento, no puede faltar. Es un fenómeno. Llamaría a Matías Sandes, a Diego Cavaco y al “Chapita”, Claudio Chiappero, para que ponga un poco ahí abajo. Martín, mi hermano es otro. Creo que también haríamos jugar a Leandro Ramella, Javier Bianchelli y Luis Fernández. Son todos amigos que me dio el básquet y que siempre estuvieron. Uno disfruta de jugar en contra o con ellos. Son grandes personas.

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