“Nosotros estamos para aquel que se olvidó algo y viene a última hora”

“Ahora la gente tiene más poder adquisitivo, va a los supermercados y le da menos bolilla al boliche del barrio”, coinciden en afirmar los almaceneros.

La inseguridad es la mayor preocupación de los antiguos comerciantes. Sin embargo, existen otros factores que intervienen al momento de decidir bajar las persianas del negocio.

“Antes teníamos mucho más confianza con los vecinos, no le temíamos a nada; éramos todos como una familia y por supuesto que al que necesitaba algo uno le daba una mano con una libreta pero hoy en día eso ya no se puede”, afirmó Fanny Guerrero, quien atiende un negocio en el barrio Jorge Newbery desde hace más de 30 años.

“No es lo mismo antes que ahora. Incluso ahora la gente tiene más poder adquisitivo, va a los supermercados y le da menos bolilla al boliche del barrio. Cuando empezó a llegar La Anónima a los barrios se empezó a sentir y ahora como la gente tiene auto va a comprar al supermercado. Nosotros estamos para aquel que se olvidó algo o que espera a última hora de la noche para ir a comprar. Yo quiero cerrar a las 10 y tengo lleno de gente que quiere comprar”, explicó Fanny.

La Anónima y La Proveeduría fueron los primeros supermercados en instalarse en la ciudad. A fines de la década del ’80 llegó “Casa Tía” a la calle Pellegrini y en los últimos años arribaron la cadena de supermercado Carrefour y Walmart, la ultima en llegar.

“Al principio sí afectó, pero ahora uno se ha acostumbrado a ese ritmo y ya no afecta. Hay gente que está acostumbrada a comprar en supermercados, compran una vez al mes pero a nosotros no nos afecta porque acá compran las cosas pequeñas.”, remarcó Héctor Giménez ante la consulta por la llegada de los supermercados.

Los años pasaron y las costumbres se fueron con ellos. Así, la libreta almacenera que era parte de la economía de los barrios fue desapareciendo gradualmente hasta casi no existir.

“Algunos no pagaron y de hecho no han vuelto, y no creo que vuelvan”, resalta Fanny con humor. “En ese momento el sueldo no les alcanzaba y para poder cubrirse pedían, pero mucha gente apenas cobraba venía a pagar”, explicó la mujer que llegó a tener más de 50 clientes con “cuenta corriente”.

Otros, en cambio, decidieron no especular con la honestidad de la gente. “Nosotros hace 33 años que estamos acá, yo siempre trabajé al contado para no arriesgarme. Nunca manejé crédito. Ahora cada uno tiene su manera de comprar, algunos van a los supermercados o compran con crédito”, explicó Valentín Correia quien llegó desde Portugal en 1967 y desde hace más de tres décadas mantiene su almacén en la calle Francisco Bher.

En la década del ’90 se produjo una explosión en el rubro comercial. Muchos de los trabajadores petroleros que se retiraron de la actividad cuando se produjo la privatización de YPF y el traspaso de empresas apostaron a la creación de un kiosco o la construcción de casas para alquilar.

Dos décadas más tarde, la inseguridad obligó a muchos a dar vuelta el cartel de abierto y alquilar el fondo de comercio que alguna vez atendieron para vivir.

“Había que mantener muchas cosas y a mí con el alquiler no me daba para pagar. Cuando yo empecé estaba toda la familia, mi marido que trabajaba en la parte de carnicería, mis hijos que me ayudaban, era un almacén bien familiar pero ahora estoy tratando sola de luchar”, murmuró Fanny mientras caminaba hacia la ventana para atender a un nuevo cliente.

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