Nogolí-Río Grande, unidos por un camino que atraviesa el cielo

Increíbles postales de un lado y otro de la sierra, a 2 mil metros de altura sobre el nivel del mar. La próxima semana inaugurarán los 51 kilómetros de ésta nueva ruta. Es imperdible.
Acomódese en el asiento, pónganse el cinturón de seguridad, limpie los vidrios de su vehículo o sus anteojos, y prepárese para disfrutar de lo que será seguramente el paseo del verano 2011. El deleite está asegurado.

La nueva ruta de montaña, que une los diques de Nogolí y de Río Grande, cuenta con 51 kilómetros que no dejarán de sorprenderlo, en un tramo que asciende a los 2 mil metros sobre el nivel del mar, sumamente seguros y con increíbles postales de un lado y otro de la sierra: un río que acompaña la trepada, cascaditas y vertientes que surgen en las alturas, gigantescas piedras y panorámicas que unen desde la Sierra de las Quijadas hasta el Tomolasta, mucho por descubrir. El próximo viernes quedará inaugurado y nadie se lo puede perder.

La culminación de esta magnífica obra es también el cumplimiento del sueño de unir los cinco lagos que se vinculan con impecables circuitos los diques de Río Grande, Nogolí, San Francisco, La Florida y Saladillo. Son 215 kilómetros en total, que se podrán recorren en todas las épocas del año. Tendrá además su inauguración para todo el mundo el sábado 22 de enero cuando más de cien pedalistas completen la sexta etapa del Tour de San Luis en la altura.

El Diario de la República tuvo la suerte de transitar el tramo que atraviesa las Sierras Centrales días antes de su apertura oficial. Acompañó el recorrido el ingeniero a cargo de la obra, Damián Galdame de la empresa Alquimac, firma que ganó la licitación de apertura definitiva del camino, después de que estuviera abandonado por más de 10 años, cuando en la crisis de 2001, una empresa española que tenía a cargo el trabajo lo dejó inconcluso.

El recorrido comenzó por el lado de Nogolí (aunque aseguran que de cualquiera de los dos puntos de partida es igualmente recomendable). La ruta de acceso al dique, que hasta hace unos meses estaba destruida y era un constante reclamo de los turistas y los vecinos ahora luce impecable, recién pavimentada. Allí comienza el ascenso.

El dique Embalse Nogolí es la primera parada obligada. El espejo de agua fue inaugurado en diciembre del 2000, y se ubica entre el pueblo y el imponente cordón serrano, donde sobresale la silueta del cerro Barroso, al que luego subiremos.

En estos días el dique resalta radiante, las lluvias de las últimas semanas lo han llenado completamente y desde hace unos días por el vertedero baja el agua que nutre el Río Nogolí. Acompañan este paisaje el verde intenso de las sierras, que ahora invitan a recorrerlas por su interior.

El dique ya quedó abajo y el ascenso comienza a hacerse más empinado. Hay algo que lo destaca del resto de los caminos de montaña de la provincia: acompaña la zigzagueante trepada las cristalinas aguas del Río Chico, que baja paralelo al camino.

A mitad de la subida, la empresa había improvisado un cuarto en uno de los lugares con la mejor vista del valle. Allí funcionó durante la obra la oficina del capataz y de los ingenieros hasta que un fuerte viento la hizo desaparecer. No quedó nada. Afortunadamente no había nadie en el interior de la misma. Ahora quedó un playón para contemplar la inmensidad del paisaje.

“La zona tiene un microclima muy particular, que a medida que sube, el frio y el viento se hacen más intensos y marcados, mientras que abajo hace calor”, comentó el ingeniero, que hace cuatro meses que sube y baja el camino todos los días.

La trepada sigue. A diferencia de la ruta que une La Carolina con San Francisco, ésta no es tan empinada y las curvas no son tan cerradas. Galdena indicó que es un camino apto para cualquier conductor, ya que no presenta grandes dificultades. Sólo se debe tener la precaución que requiere cualquier camino de montaña y no superar los 40 kilómetros por hora.

A los 21 kilómetros, viniendo de Nogolí o a los 28 kilómetros, si ingresa por Río Grande, se llega a la cumbre, a 2.020 metros sobre el nivel del mar exactamente. Allí hay otro playón que la empresa eligió como el mirador principal. En ese punto se puede ver Villa de la Quebrada, Nogolí, las Salinas, las Sierras de las Quijadas y un poco más allá.

“Allí construiremos el mirador con distintas terrazas y pérgolas”, indicó Galdame.

La bajada

De golpe el paisaje cambia cien por ciento. Los cerros verdes del lado oeste de las sierras se transforman en inmensas cumbres pedregosas que a lo lejos dejan ver el dique de La Florida, todo el valle de Pancanta y el horizonte rocoso de las minas de La Carolina.

Abajo esperan el dique Esteban Agüero o más conocido como Río Grande, por el cauce que lo abastece.

Realmente es un tramo imperdible, que no sólo posiciona a la provincia sino que le da un terrible impulso al turismo en Río Grande y Nogolí, dos localidades con enorme potencial, pero que evidentemente necesitaban de un empujoncito.

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