Un taxista labura toda la Nochebuena vestido de Santa. “Disfruto sorprendiendo a la gente”, dice.
La pregunta quizás sirvió como disparador para que Carlos Ziege, un chofer de taxi, adoptara una particular costumbre: cada 24 de diciembre, desde hace cuatro años, adorna su vehículo como si fuera un arbolito de Navidad con ruedas, y sale a trabajar vestido de Papa Noel durante la Nochebuena.
“Lo de decorar el vehículo con motivos navideños es algo que hago desde siempre: de joven trabajaba en la línea de colectivos 160, que cruzaba la ciudad. Recuerdo que los coches de la empresa San Alfonso que manejaba siempre estaban atiborrados de bolas y guirnaldas”, rememora Ziege, tras aclarar que cuando se transformó en chofer de taxi también surgió la idea de vestirse de Papa Noel, para completar el cuadro festivo.
Vestido de Santa. ¡La idea no podía ser más ingeniosa! Por su contextura física y su sonrisa bonachona, el atuendo de Papá Noel le queda pintado a este taxista cordobés de 61 años.
“El día que se me ocurrió vestime así, corrí a una casa de disfraces para alquilar el traje. Al final lo conseguí y la empresa en la que trabajaba me ayudó con los costos”, asegura el tachero, feliz porque este año pudo comprar el traje, para seguir con la tradición durante varios años más.
“Fue gracias al aporte de Pancho, el titular de la chapa”, revela Carlos, aunque aclara que la tela roja de la casaca no es de paño, como el de Santa Claus boreal. “Es algo más liviano como para soportar el calor... ¡Lo realmente abrigado es la barba!”, asegura.
Calor, que vale la pena. Sudar un poco más de lo habitual, sin embargo, tendrá esta noche para Carlos una retribución especial. Nos referimos a los gestos de sorpresa y reconocimiento de los pasajeros que se suben al coche, o de los niños que lo ven pasar.
“Por suerte nunca me tocó algún chico que me pida que le entregue su regalo por anticipado”, dice entre risas Carlos, tras asegurar que el momento más emotivo de cada noche de Navidad, es cuando las campanadas de las 12 lo sorprenden al volante en algún rincón de la ciudad. “Es hermoso cuando la gente brindando, te ve pasar y se acerca para compartir su alegría”, afirma.
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