Noches de terror en la Autopista: nada cambió tras la muerte de Cella

Noches de terror en la Autopista: nada cambió tras la muerte de Cella
El estudiante Luciano Bruno Cella fue asesinado en la autopista por otro joven que actuó bajo los efectos de las drogas. El caso hizo visible la peligrosidad de la zona.
El asesinato de un adolescente desnudó crudamente las vísceras del alcohol y la droga en jóvenes que todos los fines de semana animan la noche, a la vera de la autopista.

Luciano Bruno Cella falleció el 6 de junio del 2010, frente a una garita, a metros de un boliche.

La Justicia acaba de condenar a los responsables del homicidio.

Años después subsisten hechos de violencia y éstos son documentados en los libros de Guardia de las comisarías 12, 13 y 15, con jurisdicción en la zona.

Hay para todos los gustos: accidentes por el alcohol, incidentes, asaltos, peles entre barras y patotas.

Muchos responsables

En diálogo con EL LIBERAL, Marcelo Arambuena, titular del Proyecto Padres, dijo: “Todos somos responsables, padres, hijos, policías y organismos encargados de propiciar las normas cambios y no lo cumplen”.

Subrayó: “Venimos bregando para poner fin a la venta desmesurada de alcohol, adultos y menores, animando las previas”.

Justamente, el alcohol suele transformarse en disparador de incidentes: “Desde las 5 de la madrugada empiezan los problemas, en la mayoría de las ocasiones”, ahondó.

Las edades son diversas: de 13 años para arriba. Se interpreta que los menores ingirieron cerveza dentro de algún boliche, pese a la prohibición en tal sentido.

Fácilmente, los libros de guardia de las tres comisarías delatan una veintena de incidentes sólo los domingos a la madrugada.

En algunas ocasiones, de los gritos los jóvenes pasan a mayores: dos fines de semana atrás, un menor perdió un riñón y otro acabó fracturado.

El origen del conflicto fue una bailanta, a la vera de la autopista.

Policía

Tiempo atrás, un policía fue el disparador de un grave incidente.

Salió de un boliche y se tomó a golpes de puño con la seguridad; lo alentaban dos señoritas pasadas de euforia y copas.

Intervino la Comisaría 12; sus hombres detuvieron el colega revoltoso y lo alojaron en la comisaría del Bº Mishqui Mayu. Fue tal la violencia y el alcohol que el policía debió ser atado en la celda, al estallar de furia y golpear a sus pares.

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