La ciudad vivió su noche especial. Porque el título para los hinchas de Peñarol no fue uno más. Fue acaso el más deseado. Escenas, comentarios y opinión de lo que dejó el último juego de la final 2013/2014
Anoche era la ocasión propicia para que la TV que tiene los derechos haga una hora de previa y una hora post partido. En cambio, pasaron un partido de la primera "B" de fútbol, 10 minutos de previa y 5 de post partido. No existe el socio estratégico para la Liga.
Hoy podríamos decir que tampoco existe lo que se mostró anoche. Incluso tampoco para el propio Peñarol. Porque el equipo que se consagró campeón tiene que esperar dos años para tener ese marco de público. Ela verdad y no ofende, Peñarol juega la fase regular con 1500 a 2000 personas. Ese marco en otro estadio sería impresionante, en el Poli no lo es. Encima nunca hay show de entretiempo ni nada.
Anoche todo era perfecto. El marco de público (8000 espectadores), la seguridad en torno al espectáculo para que nada salga mal, las luces especiales, la capacidad del polideportivo para apagar y prender las luces generales sin tener que esperar. Maquinas de luces seguidoras, maquinas de humo, espectáculo en el entretiempo, un sin fin de detalles que hacen de un juego de básquetbol algo mucho mejor.
Y salió todo redondo, porque en la consagración del local se desató una gran fiesta. Lo importante es como la dirigencia de Peñarol ha logrado capitalizar el estadio y mejorarse en el festejo a fuerza de saber que cosas no hizo bien en las anteriores. Incluso ya en la previa para que nada los sorprenda se dejó todo armado por el tema de tableros y jirafas que debían formar parte de la estructura natural del Polideportivo. En esto hubo mucha gente trabajando y en definitiva se nota.
También ayudó a la convocatoria que el rival haya sido el número uno de la fase regular, último campeón y máximo aspirante al título. Porque la vara alta la pone tu oponente. La gente lo sabe, por eso en otras finales incluso no se ha llenado la cancha. En consecuencia se vendieron más entradas de las que el Poli puede albergar. La gente fue seducida por la ocasión, y si la gente está, existe y le gusta el espectáculo, el desafío entonces es seducirla siempre.
Cuando llegó el final no hubo invasión de cancha. Solo periodistas, camarógrafos y fotógrafos. Algunos dirigentes y nadie mas. Un cerco de vallas y hombres cuidando el perímetro. ¿Recuerda ustedes en la Argentina vueltas olímpicas sin público en el campo?. Para cuando la dieron la tele ya no estaba transmitiendo.
Más tarde con la destreza, capacidad y profesionalismo de uno de los mejores presentadores de la Liga, el periodista Carlos Más, los jugadores fueron entrevistados de a uno, contando por los altavoces a todo el estadio cuales fueron las sensaciones del título.
Y finalmente luego de la vuelta olímpica y el corte de redes llegó la caravana hacia el monumento a San Martín en Mitre y Av. Luro. Allí esperaban muchos hinchas que a pesar del frío se juntaron al festejo.
Cuando el micro con los jugadores llegó las escenas son difícil de describir. Porque una imagen dice más que mil palabras. Campazzo se bajó una cuadra antes del monumento y salió corriendo a dirigir el festejo. Se le sumó Leo Gutiérrez y tal como lo hacen en la cancha fueron los dueños de todo. Matías Ibarra llegó en moto con un gorro y una bengala en la mano, luego se subió al monumento con Leiva y Boccia. Escenas maravillosas. Incluso los dos foráneos Fisher y Sosa también se treparon al monumento mientras Gaby Fernández se confundía entre la gente. Hubo bengalas y fuegos artificiales.
Son gestas de clubes que tiene representatividad popular. Son ocasiones para las fotos y los videos. Son situaciones que la Liga Nacional debe usar para vender el producto. Momentos inolvidables que deben atesorarse. Porque la temporada es tan larga y tan llena de lugares vacíos y nuestro básquet de Liga Nacional tan poco difundido, que una vez que todo sale bien vale la pena recordarlo.
Foto: Majo Gil (@MajoPick)
Pablo Tosal
@pablotosal
www.pickandroll.com.ar
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