Monseñor Parolin fue operado en la zona del hígado. El Vaticano dijo que “todo fue bien”. Ahora convalece junto a su familia.
Una cierta ansiedad y escepticismo no fueron cancelados del todo, sin embargo, después de que se supo que al flamante “primer ministro” se le encontró en una intervención “explorativa” una lesión entre el páncreas y la vesícula que fue operada por el profesor Umberto Cillo, director del Departamento de Cirugía Hepáticobiliar del centro asistencial.
El ex nuncio apostólico en Venezuela debía asumir el martes 15, pero no se presentó a la ceremonia en medio de la sorpresa general. El relevo con el discutido cardenal Tarcisio Bertone, de 79 años, fue realizado igual por Francisco, quien dijo con una sonrisa un poco forzada que su nuevo número dos asumía “en ausencia” porque debía sufrir una pequeña operación “sin gravedad” y que en dos semanas entraría en la plenitud de sus funciones en el Vaticano.
La sorpresa confirmó que los especialistas habían decidido internar de urgencia a Parolin después de unos análisis que mostraron “anomalías”. Ayer el portavoz vaticano, padre Federico Lombardi, dijo que “todo fue bien”. El secretario de Estado reposa ahora en su casa familiar y asumirá después “plenamente restablecido” sus nuevas responsabilidades.
Monseñor Parolin había viajado unos días antes de asumir su cargo a su pueblo, Schiavon, cerca de Vicenza. Allí su familia organizó una fiesta con mil invitados para festejar el nombramiento y su regreso a Italia tras cuatro años en Venezuela como nuncio apostólico. El abrupto pasaje de la celebración al quirófano aumentó las dudas y preocupaciones porque el Vaticano eligió un hermetismo absoluto. Todo lo contrario del estilo del papa Juan Pablo II, que tantas veces fue internado en el hospital Gemelli de Roma, y que ordenó hacer siempre públicos los detalles de su estado de salud.
“Es que no se sabía de qué estaba enfermo el secretario de Estado”, justificó una fuente interna del Vaticano a Clarín.
El hermetismo no calmó, más bien excitó, la curiosidad inevitable porque la figura de monseñor Parolin es clave en las “reformas radicales” que ha emprendido el Papa argentino, ayudado por un “consejo de la corona” de ocho cardenales de los cinco continentes, para reorganizar la Curia Romana, el gobierno central de la Iglesia.
Diplomático de alto nivel, Parolin conducirá una Curia aligerada de la hipercentralización que caracterizó a la era del cardenal Bertone, y que contribuyó a exasperar los conflictos internos y las guerras entre facciones del Vaticano, donde proliferaban los escándalos financieros en el IOR, el banco del Papa, y otras instituciones financieras de la Santa Sede.
Con la gestión del cardenal Bertone, los “ministros” de los dicasterios vaticanos debían pasar a través de su oficina para llegar al papa Benedicto XVI. El argentino Jorge Bergoglio es todo lo contrario y mantiene un contacto directo con sus subordinados. El plan de reorganización comprende eliminar superposiciones, renovando las principales figuras de la Curia. En ese sentido, no se sabe aún qué destino proyecta Francisco para el único argentino en la Curia, el cardenal Leonardo Sandri, prefecto de la Congregación para las Iglesias Orientales.





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