La gente suele pensar que la política es una actividad miserable y egoísta, y que los cuerpos deliberativos no son las "cajas de resonancia" de la opinión pública, sino recintos semivacíos donde se transan oscuros negociados.
Para alimentar esta imagen, nada mejor que la sesión del Concejo Deliberante platense del jueves pasado. Un claro ejemplo de cómo el más craso oportunismo se disfraza con el ropaje de la "defensa de las instituciones": cuatro ediles opositores "se dieron vuelta" y se prestaron a una demostración de fuerza del intendente Bruera y sus huestes, dirigida a sus ayer socios, y hoy acérrimos enemigos, los kirchneristas.
O sea, se metieron de lleno en la interna del Partido Justicialista, que fiel a un concepto de "partido de Estado" suele llevarse las instituciones puestas, como elefante en un bazar.
Sucede que durante la semana que pasó, el bloque bruerista sufrió la deserción del sindicalista camionero Miguel Forte, y del aliado Carlos Melzi, ambos kirchneristas. Este quiebre fue la excusa perfecta para lanzarse a hablar de una "operación destituyente", en este caso, del alakismo, línea argumental que sirve de cobertura al "pedido de pista" en el peronismo disidente. Y de paso, también para enterrar políticamente a la única edil no peronista que lo integra, Teresa Razzari, la más acérrima defensora de Bruera en el recinto durante los últimos dos años. Parece que la lealtad de Pablo cotiza poco cuando hay que "pagarle a los compañeros" del PJ.
La jugada de aliarse al oficialismo por parte de los ediles Juan Pedro Chávez y Jacinta Tritten puede tener alguna lógica pensando en que, aunque votados para ser opositores, son peronistas, y en el caso de Tritten, mantiene ciertos vínculos políticos con el oficialismo por su relación con Enrique Navas, hasta no hace mucho tiempo secretario de Gobierno de la Municipalidad.
Ahora, la movida del macrista Julio Irurueta y del radical Guillermo Duva no resiste el más mínimo análisis político serio. Excepto que bajar al recinto y votar con el oficialismo signifique la devolución de favores previos recibidos durante la campaña de la interna radical del año pasado.
Como dijera un vocero bruerista en los agitados días de diciembre, cuando por las internas en su propio bloque no se podía sesionar: "En cuanto consigamos el número 13 (el quórum) nos c.... en todos". Dicho y hecho. Sólo que tuvieron que esperar un mes y medio más. Poco tiempo en la vida y en política.
Quienes quedaron sumamente complicados con esta voltereta fueron los dirigentes de Unión-Pro local. La fuerza que realizó la mejor elección el 28 de junio tiene tres de sus cuatro concejales jugando de aliados con el bloque bruerista. No resulta casual que tanto el edil denarvaísta José Ramón Arteaga como el diputado Gonzalo Atanasof salieran a proclamar a los cuatro vientos que ellos sí siguen siendo opositores a la gestión de Pablo Bruera.
Otro tanto hizo la presidenta del bloque de la Coalición Cívica, la "lilista" Susana Sánchez, al punto que en un mismo día envió tres comunicados de prensa aclarando que el ARI no es funcional a ninguno de los dos sectores en pugna del peronismo. Sánchez padeció en carne propia el cambio en el estado de ánimo del presidente del Concejo, Javier Pacharotti. Cuando no reunía el quórum, le llenó el teléfono celular con mensajes invitándola al "diálogo institucional". Cuando contó con 14 concejales, le cercenó el uso de la palabra en el recinto. Todo un ejemplo del concepto de democracia que manejan ciertos políticos.







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