La experta colombiana avisora mejoras en las condiciones de igualdad dentro de la familia con la reforma de los Códigos Civil y Comercial.
- Para sus ojos extranjeros, ¿cuán innovadora es esta reforma?
-En la parte de Familia es efectivamente modernizadora, y sí toma en serio el objetivo de transformar muchos conceptos jurídicos del siglo XIX que aparecen en las codificaciones de Dalmacio Vélez Sársfield en Argentina y de Andrés Bello en Colombia. Algunas de las instituciones propuestas ya habían sido desarrolladas en leyes especiales o por vía jurisprudencial. En ese sentido, no parece un Derecho de Familia marciano. Por otro lado, el proyecto es coherente con la discusión jurídica que comenzó más o menos hace 40 años. -¿En qué consiste ese debate? -Por ejemplo, en el divorcio incausado, que aparece en Estados Unidos en la década de 1970. Aquí puede sonar muy radical, pero está estandarizado en muchos países de Occidente.
-¿El divorcio incausado obedece a la idea de que, así como la gente no cuenta al juez las razones por las que se casa, tampoco debe explicarle por qué se quiere divorciar?
-El sistema jurídico ha de ayudar a las personas a lidiar con las consecuencias de decisiones que exceden a la ley. En el divorcio causado, el sistema se centra en las razones que determinan el fin de la relación, que es lo que jurídicamente menos debe importar. En el incausado, cesa la indagación en la vida privada y la búsqueda de un "culpable" de la ruptura. Se trata de poner la atención en cómo sigue la vida de los divorciados. El proyecto también da un lugar a los padrastros y madrastras, que antes estaban llamados a ser ogros en tanto extraños en una familia ajena.
-¿Cómo queda el principio de la familia como célula básica de la sociedad con los cambios previstos en la nueva codificación?
-Desde el punto de vista progresista, ese eslogan supone a una familia que es un núcleo solidario, y da protección económica y afectiva. La derecha, en cambio, ve a la familia como linaje, y centro de defensa de la propiedad y de la herencia genética. Para ese proyecto conservador, llamar familia a cualquier cosa implica una amenaza.
-En el presente, la familia tradicional también está "amenazada" por dosis altas de individualismo...
-Según el sociólogo Émile Durkheim, esto ocurre porque los individuos nos hemos movido hacia una mayor especialización, y eso nos hace buscar menos solidaridades tribales y más orgánicas. Nos unimos porque reconocemos en el otro no a una autoridad sino a un ser humano con necesidades parecidas a las nuestras. Nos percibimos más individualistas, pero los socialistas de principios del siglo XX dirían que, también, por ello, más sociales, porque, en la medida en la que entendemos nuestra individualidad, comprendemos que necesitamos de los otros. Los códigos civiles fueron muy individualistas en lo económico y muy matrimonialistas en lo social, y, por ello, la persona que no quería casarse no encajaba en el sistema.
- Pero la mujer que no desea procrear sigue siendo una rareza o pareciendo rara.
-El ordenamiento jurídico por un lado empuja a la mujer a no querer ser madre porque la opción de la maternidad acarrea muchas renuncias de tiempo, independencia material, etcétera. Ninguna ley garantiza que la carga de criar los hijos será compartida con otros.
-La ley se limita a fijar alimentos y un régimen de visitas...
-No sé en Argentina, pero en Colombia la tragedia de los alimentos es que los hombres suelen no pagarlos. Ellos dicen que no ganan lo suficiente: entonces, ¿la mujer y los niños deben morirse de hambre? Es interesante porque los civilistas del siglo XIX diseñaron un matrimonio rígido, por ello la pelea gira alrededor de la familia tradicional. El proyecto de Código protege más a la mujer con, por ejemplo, compensaciones para la persona que, dentro de la pareja, haya ejercido el rol de ama de casa. Esto repara la vulnerabilidad económica, pero no la transforma y, probablemente, no se pueda hacer más al respecto en esta instancia. Las argentinas se sienten muy modernas pero aquí sigue habiendo una diferencia del 30% en materia de participación laboral: el 80% de los hombres y sólo el 50% de las mujeres en edad de trabajar tienen o buscan un empleo. En los países escandinavos, esa diferencia es del 2 o 3%. Esto demuestra que el esquema del hombre proveedor y de la mujer ama de casa sigue vigente y tiene una incidencia relevante.
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