El factor económico y financiero fue una de las principales bases sobre las que se asentó el contundente triunfo del kirchernismo el domingo último. Por esta razón, EL SIGLO consultó a especialistas en la materia que destacaron lo positivo de este modelo de gestión pero a su vez recalcaron los cambios a implementar a futuro
Luego del contundente triunfo obtenido en las urnas, la mayoría de las voces que intentan justificar tal semejante performance electoral se encaminan hacia una sola explicación, quizás la más palpable de todas: el crecimiento económico ininterrumpido que registra el país desde el 2002 en adelante. Situación que habría promovido que la decisión ciudadana sea la de haber "votado con el bolsillo", dejando en segundo plano otros aspectos.
Para abundar en este tópico, EL SIGLO consultó a una serie de figuras del ámbito empresarial, económico y productivo de la provincia con el objeto de que expongan sus pareceres tendientes a argumentar el grado de influencia que el cariz económico sustanció en la elección que casi definió la suerte del próximo turno presidencial en el país.
¿Bonanza sustentable?
"Pareciera que los análisis sobran, se dio la lógica, en ningún país del mundo, cuando la economía funciona bien, se cambia el timón de mando. Sería incoherente, innecesario e inoportuno un cambio brusco. El factor económico fue gravitante porque ha llegado a todo el mundo a través del bienestar dado por los aumentos salariales, jubilatorios, los propios planes sociales, las mejoras que incluso se dieron en los trabajadores informales. Un abundante crédito para el consumo generó la sensación de bienestar económico.", aseveró Daniel Abad, director del Centro de Estudios Económicos y Sociales del NOA (CESNOA).
Por su parte, el titular de la Unión Industrial de Tucumán (UIT), Felipe Salas, acepta la existencia del contexto planteado anteriormente, pero desliza sus críticas al respecto: "La gente se siente contenida porque tiene la posibilidad de acceder al crédito. Todo ello siguiendo el modelo keynesiano, lo que significa estimular el consumo permanente e ininterrumpido, pero al perseguir este fin, llegará un momento en el círculo vicioso del cual no tendremos retorno, porque el crédito salvador se saturará. Los recursos serán para cancelar ese tipo de gastos, pero no se destinarán a cubrir las necesidades básicas, entonces allí ingresaremos en un retroceso involutivo. Lo que hoy parece y se presenta como bonanza, se convertirá, en breve, en una mochila de plomo para el ciudadano".
Asimismo, Raúl Robin, presidente de la Federación Económica de Tucumán (FET) estimó que los resultados comiciales favorecieron a la gestión oficial pues "tanto desde el sector económico, empresarial y el campo se está atravesando una etapa de bonanza sustentable y duradera en los últimos años, es innegable. Desde el 2002 hay una recuperación de la rentabilidad con niveles exponenciales", adujo.
Además, destacó entre los factores que acompañan este período sin turbulencias de consideración en el esquema financiero, que "cuando hay rentabilidad, las empresas funcionan bien. Estamos ante la presencia de un endeudamiento bancario mínimo y razonable, caso contrario a lo que sucedía en la década de los 90, donde los sectores privados debían refinanciarse para paliar sus deudas. Hoy esta refinanciación ha bajado y hasta desaparecido, porque el funcionamiento crediticio se ha normalizado".
Por su parte, el director del Área de Economía de la Fundación del Tucumán, Eduardo Robinson consideró que "la característica sobresaliente de la economía argentina en el último siglo es su marcada volatilidad. Por ello ya es un hecho sorprendente que hayan transcurrido diez años sin una nueva explosión macroeconómica".
Siguiendo estos lineamientos, remarcó como puntos a favor de una tendencia enmarcada en un cierto grado de repunte y crecimiento que "una economía que venía de una formidable caída, con recursos ociosos y de una devaluación significativa de su moneda, encontró un marco internacional de características excepcionales. Este hecho de por si mejoró la situación del sector exportador, dinamizó la actividad económica, mejoró la situación fiscal, no sólo por la recuperación de la economía, sino también por la implementación de las retenciones".
Secuelas de la crisis mundial
Al momento de caracterizar las bases sobre las que se asienta el actual modelo kirchnerista, Abad apeló a una muletilla: "Los votos están en el mercado interno y el consumo es el gran aliado y motor del crecimiento. Una suerte de sensación generalizada que se esparció desde el Gobierno hacia la sociedad es que preferimos crecer y no enfriar la economía lo que podría alentar datos sociales negativos, como por ejemplo, un crecimiento de la desocupación".
Sin embargo, Salas advierte que debe prestarse suma atención a los coletazos que puedan azotar como consecuencia de la crisis financiera internacional que se abate en los últimos tiempos. "Hay que tener mucho cuidado con la volatibilidad de los commodities porque sus valores están soportando el peso de la crisis internacional y sólo Dios y el Gobierno saben la solvencia del país ante una debacle mundial en razón de la cantidad de reservas que poseemos. Al fallar las políticas asentadas en la soja, trigo, maíz, nuestro respaldo financiero se convertirá en la espada de Damocles de este Gobierno", dijo.
Una mirada contrapuesta es la focalizada por Robin para quien "el paso del tiempo nos coloca en un contexto donde los liderazgos en materia financiera-económica-productiva dieron un vuelco de 180 grados. Y es en ese marco que la Argentina está pasando por un muy buen momento, ya que los países que son socios en el intercambio comercial mantienen su tendencia a aceptarnos como primordiales clientes suyos".
Igualmente refirió que aquello tendiente a un reajuste "se relaciona con el estricto control y freno a la inflación, de lo contrario poco a poco nos quedaremos fuera de los mercados, lo que ocasionaría severos daños y pérdidas en la productividad nacional. Lo que en un futuro no será muy bueno para las finanzas del país".
Cambios a futuro
La implementación de una política procíclica, donde el consumo se convirtió en la variable fundamental fue objeto de críticas por parte de Robinson, al sostener que "el incremento en los ingresos del Estado permitió la expansión del gasto público al tiempo que la inversión no creció lo suficiente para ampliar la capacidad productiva. Así lo refleja la escasez de combustibles, entre otros, los planes sociales se incrementan, los subsidios a las tarifas crecen, la inversión crece tímidamente, el crédito al consumo se expande, y se incrementa el déficit fiscal y el comercial".
Al respecto, Abad, pese a coincidir con las políticas llevadas adelante por la Administración Central, resaltó que como instancias a corregir en un eventual próximo gobierno del mismo cariz que el actual debe apuntar a lograr “una mayor estabilidad política de modo tal de impedir que continúen fugándose capitales. Además, debe alentarse la inversión, como así también trabajar en reducir los niveles de inflación, pero sin necesidad de enfriar la economía. Hay que proceder en una eliminación gradual de los subsidios porque se torna insostenible que se financie el gas o el transporte público a partir de las provincias del interior para favorecer a la Capital Federal. De tal forma, se bajará el gasto público haciendo pagar a esos sectores, si se quiere acomodados, lo que realmente pueden pagar".
Esto último, en torno a los cambios a impulsar, fue puesto en duda por Robinson al indicar que "si en ocho años se han negado los problemas y Argentina no aprovechó plenamente para introducir políticas que mejoren la productividad de la economía, no habrá incentivos para modificar las políticas. Continuará un diseño que prioriza lo táctico, antes que lo estratégico", culminó.
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