Newell’s sumó otra derrota y demostró que una etapa virtuosa llegó a su fin

Newell’s sumó otra derrota y demostró que una etapa virtuosa llegó a su fin

El conjunto dirigido por Gustavo Raggio cayó 1-0 con Independiente pese a jugar una hora con un jugador más. Sigue con chances de clasificar a la Sudamericana. El próximo partido, ante Lanús.

 

Leproso, el próximo fin de semana no puede dejar de ir al Coloso. Aunque suene contradictorio después de la puesta en escena en Avellaneda, donde hasta pudo rifar el consuelo de entrar a la Copa Sudamericana, en la vida siempre hay que ser agradecido. El próximo partido ante Lanús, un ciclo que lo llenó de mucha ilusión, que algunas colmó, va dejando paso irremediablemente a otro. Y uno de los que más lo encarnó, que lo simboliza hasta último momento como ayer regando sabiduría y corazón, cuelga los botines. Por eso, aunque este Newell’s se fue deshilachando de tal manera que anoche perdió con Independiente (1-0) jugando sin determinación una hora con uno más, tuvo sin embargo a Lucas Bernardi como ese ancla de lo que fue ese equipo sensación y ambos deben ser reconocidos. Lo que fue bueno hay que terminarlo bien.

   Lo merecerá ese Newell’s que ya no es y lo merecerá Bernardi, que con 37 años, fue el único ayer que nunca se estacionó, que buscó, que peleó, que pensó, al punto que pareció no estar en sintonía con el resto, excepto algunas apariciones de Figueroa y proyecciones de Casco. El resto, como dejó en claro Scocco con su salida prematura en el primer tiempo, precisa barajar y dar de nuevo. Como el capitán en su próxima vida extrafutbolística, un reacomodamiento aparece como una necesidad básica, aunque algunos postulados deban ser modificados.

   Este Ñuls de Raggio, como antes el de Berti, no pudo hacerse cargo de ellos. Una muestra contundente fue esta derrota, dolorosa, porque decantó con la inapreciable ventaja numérica que nunca pudo traducir en dominio. Es más, Independiente fue el que, incluso quedándose sin Cuesta en el primer tiempo, aún sufriendo por los discutidos cambios que hizo Almirón sacando a Penco y Montenegro estuvo más cerca de la victoria hasta que Mancuello la concretó.

   En el medio, ya Newell’s no fue ni siquiera ese toqueteo del que supo hacer gala, pero que con el tiempo se hizo intrascendente. Ayer sólo Bernardi, y por momentos Figueroa, tuvo el convencimiento para ello. Los más jóvenes dudaron, los otros experimentados no engranaron en la sintonía y así aquel poderío que lo hizo temible, mutó tanto que hasta un rival sin muchas luces como el Rojo, más allá del lugar que ocupa en el torneo, le faltó el respeto y pudo ganarle sin discusión.

   Porque fue más punzante, porque fue más decidido, porque Ñuls también se hizo vacilante cuando no tiene la pelota y el bastión defensivo del que también se ufanó por momentos hizo agua como en la lluviosa noche del Libertadores. Y así, avanzando menos diez contra once, Independiente llegó con más claridad, mientras que el Ruso Rodríguez casi no se inmutó porque a algunas aproximaciones leprosas siempre les faltaron final.

   La realidad rojinegra de una época que llegó a su término y que se cristalizará con el fin del torneo y el cambio de DT quedó crudamente expuesta en Avellaneda. Sólo queda reconocer que es así, dar las hurras por tanto sueño bien alimentado, pero ahora poco sostenido, y homenajear a quienes dieron todo por él. Y luego sí, momento de borrón y cuenta nueva.

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