Este miércoles, paro, bloqueo de puentes disfrazado de “asamblea” en el lugar. El jueves, oferta salarial del gobierno. Entre viernes y sábado, definición del gremio docente: ¿empezará las clases? Por ahora, hay un no a flor de labios.
El hilván de la situación es muy fino. Los gremialistas estatales de Neuquén saben que no es el mejor momento de las cuentas públicas. Aunque intentan no decirlo, saben que tienen que ser prudentes.
Acuden a los eslóganes clásicos: ellos no son responsables de la calidad supernumeraria del Estado. El responsable, siempre, es el gobierno, que ha tomado más cantidad de empleados políticos que los aconsejables.
El gremialismo estatal hace las mismas proyecciones que el gobierno de Omar Gutiérrez. Admiten, los sindicalistas, que un aumento salarial como el requerido aumentaría en unos 2.200 millones de pesos la masa salarial anual. Es una suma escalofriante, pero a nadie se le incendia la lengua al musitarla, casi con delectación: Neuquén está acostumbrada a la desmesura.
“Hay 66 mil empleados públicos, pero ellos no tienen la culpa de ser tantos”, dice, palabras más, palabras menos, la explicación sindical. Significa que, en población económicamente activa de la provincia, cada tres o cuatro personas, hay un empleado del Estado, o cuanto menos, un familiar que lo es.
Neuquén, mientras tanto, persiste en este Estado que cada tanto un gobernador del MPN se empeña en corregir, es decir, en achicar. Nadie quiere usar la palabra maldita, pero es eso. Esta provincia no puede vivir con tanto gasto público aplicado al pago de sueldos. Sin embargo, es tanta la fascinación por el modelo, que se financiará con más deuda para poder cumplir con ese sino, casi trágico.
En el camino de los sueños, el MPN es disciplinado y flexible. Si es necesario, ajustará, como ya lo hizo antes, en otros gobiernos. Pero será la última carta, cuando ya no pueda rascar el fondo de la olla.
¿Se transformarán los gremios otra vez en la máquina perfecta de la extorsión emepenista? ¿Habrá alguna evolución verdadera, más allá de las charlas de café que se distraen en cuestiones de género y reformas exquisitas de las instituciones republicanas?
El gobierno del MPN está, otra vez, en el jardín de los senderos que se bifurcan. Entre las dos opciones, hay una que lleva al paraíso.
La otra, se hunde en un infierno impiadoso, gradual, como la gota que horada la piedra.
Ojalá haya sentido común, firmeza, habilidad. No es fácil lo que viene.
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