Neuquén electoral, la caldera del diablo

Toda la presión se vuelca sobre la capital neuquina. El MPN es un hervidero lleno de vitalidad e intereses que no acuerdan, por ahora. La dispersión es el rasgo, después del fallido intento de la última gran coalición.
Si alguien considera que el rasgo más importante del MPN en este mes de fracasada celebración por sus agitados 50 años de vida, es la unidad monolítica, está bastante equivocado.

El partido provincial es, y tal vez lo ha sido y lo será hasta su incierto futuro, una caldera de intereses y ambiciones. Está vivo, muy vivo, a diferencia de otros partidos políticos de existencia asistida y precaria. Ahora, después de los comicios provinciales, todo se ha exacerbado rápidamente. Esa es su principal característica: la vitalidad.

Habían pasado apenas horas del triunfo de Sapag-Pechen, cuando el oficialismo convocó y reunió a la Convención Partidaria, para decidir lo que el gobernador había anticipado en su discurso triunfal del 12 casi a la medianoche: el respaldo explícito a la candidatura de Cristina Fernández para su eventual reelección en octubre.

La Convención definió el tema bajo la figura de “adhesión” a una fórmula aun no existente, pero que será del Frente para la Victoria.

Dos minutos después, en las redes sociales, comenzaron los mensajes del desacuerdo, y una convocatoria a cortar boletas para mantener la “independencia” histórica del MPN.

Cuando la Convención definió el tema por mayoría, con el voto en contra de convencionales “blancos”, el presidente del partido, Jorge Sobisch, estaba en Puiggari, el SPA más frecuentado por los políticos argentinos, en Entre Ríos. No hubo declaraciones del neuquino, pero desde su entorno se desmintió rotundamente cualquier aval a lo que Sapag había impulsado como línea partidaria.

“Es una decisión de la Convención. Están en su derecho, pero no la compartimos desde la Junta de Gobierno”, se dijo.

¿Influirá esta situación en los próximos pasos obligados del MPN, en concreto, en la designación del candidato en el distrito capital para competir por la intendencia?

No es la posición frente a Cristina Fernández y el kirchnerismo lo que hoy divide aguas. Ningún dirigente del MPN discutirá vanamente sobre la eventual reelección de una Presidenta que –por ahora- conserva una alta buena imagen, que le confirió la muerte de su esposo y su posterior asunción del cargo por primera vez en soledad desde 2007.

No es eso, aunque tal vez se perciban diferencias sobre temas como el escándalo de la Fundación Madres de Plaza de Mayo, o lo sucedido en el INADI, por destacar solo dos de las cuestiones con ramificaciones en la corrupción argentina que pueden afectar al gobierno nacional.

No es el kirchnerismo asumido como pragmático y conveniente lo que mantiene dividido, confrontado y entusiasmado al MPN. Es, simplemente, la vieja interna que no cesa, aquella que surgió como rebeldía imparable a fines de los ´80, tras la dictadura militar y el recomienzo de la democracia. El MPN, organizado desde y con el poder del Estado, no quiere liderazgos personalistas y mucho menos vitalicios, sean de personas o de apellidos.

Esa necesidad de renovación semipermanente, que va consumiendo generaciones, es la que está estallando ahora en el MPN. Se terminará de corporizar en el 2015, pero la elección de intendente en Neuquén puede muy bien ser el primer paso, el que funde las bases de ese trasvaso político-generacional definitivo que el partido provincial está pariendo a los 50 años.

En este contexto, a partir de este lunes habrá un vendaval político-electoral nuevo. Todos los precandidatos a intendente quemarán sus naves, algunos con la tranquilidad de la autoconfianza, otros, con la ansiedad de depender de decisiones ajenas a la propia.

José Brillo ya mostró que no se bajará y que solo negociará sobre la base de que se reconozca su presencia en las encuestas como positiva y sobresaliente. Rodolfo Laffite persistirá, por lo que se ve, con su esfuerzo para pegar el salto de funcionario profesional a candidato. Marcos Silva intentará ser el delfín de la unión de azules y blancos, una especie de síntesis acorde con la bandera del cooperativismo. Lorenzo y Villacorta intentarán hacer el mejor negocio político, que justifique su audacia proselitista.

Se verá también si aparece formalmente o no el “candidato tapado” del que tanto se habló, y que algunos encarnan en Guillermo Coco, el funcionario conocido ya como “el tesorero” de las campañas azules del sapagismo.

Mientras el MPN celebra con esta singular vitalidad sus 50 años de hegemonía política, ya termina el velatorio del Frente Neuquino, y cada partido político del amplio arco no emepenista define su estrategia para la gran elección capitalina.

La UCR deberá definir la fecha de las elecciones municipales (¿con quién, sino, consultará el intendente Martín Farizano?) y al mismo tiempo si sigue poniendo al borde del precipicio del desastre su propia existencia. La fractura corporizada por Farizano y Quiroga le ha significado –con culpas compartidas- al radicalismo volver a perder lo que había construido en sus años de gobierno municipal.

Concretamente, el radicalismo debe decidir si lleva o no a Quiroga como candidato a la intendencia. Algunos dicen que (paradójicamente) el diputado nacional puede ser la prenda de unidad que hace falta.

Lo que decida la UCR será lo más trascendente. Porque los demás partidos ya saben qué tienen que hacer.

El Partido Justicialista irá con Darío Martínez, posiblemente sin colectoras. UNE persistirá con el frente con Ramón Rioseco, y posiblemente se resuelva si prospera o no una renovada alianza con Libres del Sur, bajo el amparo de una hipotética independencia de los alineamientos nacionales y aun provinciales.

Quiroga se presentará, con o sin UCR. Para eso creó la herramienta electoral con anticipación.

Las encuestas, en medio de este proceso, son implacables. Muestran que la diversidad de la oferta les da posibilidad a todos, y que la pelea puede ser impresionante. Muestran, también, que el MPN puede tener la posibilidad, paradójica también, de recuperar la ciudad más importante en un contexto de humillantes derrotas municipales.

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