Se analiza aquí, en términos siempre especulativos, la realidad eleccionaria en Neuquén desde la perspectiva del escenario planteado por Hugo Moyano en su acto del viernes por el Día del Trabajador. Y se intenta responder una pregunta: ¿hay posibilidades de un cambio real?
No puede interpretarse como una presión, como una simple demostración de fuerza. Es, en realidad, un gesto de nuestra cotidianeidad. Hay un hilo contemporáneo que se empecina en serlo, que une aquella masiva movilización de la CGT peronista de los ’50, que clamaba por Evita , con ésta en la que Moyano trazó el destino de Cristina Fernández con una única puerta, la que abriría la reelección, con cuatro años más para acentuar “el modelo”, es decir, esa informe medusa edificada por los espasmos improvisados del populismo nacional.
Este “modelo”, que simplifica la complejidad social y económica de la sociedad básicamente en tres patas (Estado-gremios-empresarios), ha tenido desde hace 50 años una exposición siempre abierta al público en Neuquén. Esta provincia, con el MPN a cargo, ha sido y es un ejemplo de la concepción que Moyano traduce con lenguaje imperfecto y clichés obsecuentes.
En Neuquén, los gremios (los trabajadores, en el lenguaje de Moyano) participan de las ganancias de las empresas estatales. Forman parte de sus directorios. Tienen representación política, en cargos ejecutivos o legislativos.
Todo ha transcurrido con una notable normalidad. Es decir, esta es la normalidad que conocen los neuquinos: el EPEN, el EPAS, el ISSN, el CPE, están casi desde que el mundo es mundo, y a juzgar por las señales políticas, no solo seguirán estando sino que enfatizarán la fe en el rumbo inicial.
Son todos ejemplos de la concepción corporativa del Estado peronista. Está en los genes, está en la raíz institucional neuquina. A tal punto que cuestionar esta situación, parecería una locura, una apostasía, una herejía inconmensurable. O un acto de ingenuidad, casi deleznable, descartado tal vez con un simple gesto, un mohín despreciativo.
Por cuestiones que hacen al misterio de los procesos político-sociales de fondo (esos que nunca o casi nunca son explicados), en Neuquén volverá a plantearse una elección democrática que parece no alterará, ni se cuestionará, esta concreta realidad institucional tan arraigada. Para decirlo simplemente: Neuquén votará por la continuidad de lo que Moyano expresó casi brutalmente el pasado viernes en el acto de la CGT.
Conviene, tal vez, tenerlo presente. Sin ánimo de condenar lo establecido ni exaltar las posibilidades contrarias, conviene evaluar que las opciones políticas que se plantean en Neuquén para el 12 de junio no difieren demasiado en sus características, sus concepciones más profundas.
El MPN, claro está, reafirma que los 50 años de historia (que son los suyos, a estos efectos electorales) son la mejor prueba de que el progreso social y económico funciona basado en su propia biblia política, que no es ni más ni menos que una sutil acomodación de las “verdades peronistas”.
En esa concepción, los gremios son muy importantes. Los empresarios también. La paz social es un pacto social permanente, que se renueva según las coyunturas, y que se basa en el rol activo, regulador, y a veces impositor, de la conducción política del Estado.
El conglomerado que lo enfrenta no tiene una receta muy distinta. Simplemente está en alianza con otros gremios, y seguramente, con otros empresarios. Promete una renovación que en realidad sería obvia, casi de Perogrullo: la que devendría de un espectacular cambio de personas y costumbres superficiales en la planta estatal política.
De todo lo que se ha dicho en la actual campaña electoral, separando la paja del trigo y las chicanas de los conceptos de fondo, queda esto muy firmemente establecido.
El MPN se sustenta en acciones de gobierno, alusiones a sus logros, y en la ausencia total de autocrítica, cuestión esta última totalmente comprensible en plena campaña electoral.
El Frente Neuquino, nombre que finalmente se le ha impuesto a la coalición multipartidaria de Farizano, Parrilli, Mansilla, Rioseco, Podestá, y otros, enumera uno por uno los defectos de la piel emepenista por todos conocidos, y al mismo tiempo dice extraordinariamente poco de lo que hará en caso de ganar. En realidad, deja entender que será una especie de réplica de lo que actualmente hace el gobierno de Cristina Fernández.
Enfocado desde esta perspectiva, y desde el acto de Moyano, tan emblemático, tan poderosamente sugestivo en la Argentina actual, en Neuquén se votará para seguir más o menos en el mismo molde.
No ha llegado la hora de emprender grandes cambios, ni esquivas revoluciones.
Desde el escenario moyanista, se ve tan solo una aburrida continuidad, que podrá terminar en la felicidad perpetua o en el desastre apocalíptico.


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