Ningún cordobés capitalino ignora la importancia vital del transporte, que además de ser un servicio básico, es un gran negocio.
Para tomar referencia de la dimensión económica que implica ese servicio, basta decir que representa, por amplísimo margen, el mayor contrato que administra la Municipalidad de Córdoba.
Si se considera que hoy los usuarios abonan 2,50 pesos cada cospel y que por mes, en promedio, se están cortando 15 millones de pasajes, por año los distintos actores del sistema mueven –en ese sólo concepto– unos 450 millones de pesos.
Contabilizando una década de contrato (es el plazo máximo de una eventual prórroga), el monto del negocio trepa –tomando sólo los números actuales y sin proyectar evolución futura– a 4.500 millones de pesos. Esa cifra representa algo más de un presupuesto y medio del municipio, que este año prevé gastar 2.786 millones de pesos.
Al dinero proveniente directamente de los usuarios, hay que adicionar también los subsidios que gira la Nación (al gasoil y por cada coche en circulación) y los aportes directos del municipio, sobre todo a la empresa estatal Tamse. Sólo durante 2008, 2009 y la mitad de 2010, desde el Palacio 6 de Julio se derivaron casi 145 millones de pesos a esa firma.
En cuanto a relevancia económica, el contrato del servicio de transporte ya dejó bastante rezagado al del servicio de limpieza, actualmente en manos de la estatal Crese.
La facturación mensual de Crese al municipio ronda los 24 millones de pesos, por lo cual, si se proyecta ese número a una década (para poder cotejar con el transporte), el monto de ese contrato sería de 2.880 millones de pesos, cifra idéntica al presupuesto municipal de este año.
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