Hay dos personas: la jovencita que está agredida y la criaturita que está indefensa en su vientre... esperando nacer. Ambos necesitan el apoyo de nuestro amor
Un juez le dijo “no” desde el derecho del niño en su seno. Muchos dicen “debe concederse ese pedido” argumentando un supuesto derecho de la jovencita. Aún temiendo llegar tarde, comparto unas reflexiones:
Nos conmueve ver que la jovencita fue atacada, humillada, ofendida en su dignidad. ¿Por quién? ¿Por la criatura que vive en su vientre?. No. Por su padrastro. Que caiga sobre él el peso de la ley y de la justicia. Y lo mas pronto posible. ¿Y el niño? “Le recuerda su violación y los malos tratos a que fue sometida”, dicen. Pero eso no lo convierte en culpable de la violación.
Hay dos personas: la jovencita que está agredida y la criaturita que está indefensa en su vientre... esperando nacer. Ambos necesitan el apoyo de nuestro amor. ¿Es justo plantear la situación como un conflicto entre la madre y el niño en su vientre?
La verdad del conflicto se da entre la jovencita y padrastro. Allí debe la sociedad ofrecerle justicia. ¿Es justo negarle a la jovencita la posibilidad de abrir su conciencia a la verdad completa de lo que le está sucediendo y fortalecerla en un trance difícil para que lo enfrente con grandeza y ayudada por el amor de los que la rodean? ¿No es posible acercarnos a la jovencita y sostenerla en este momento ofreciéndole contención y ayuda... incluso, si esa fuera su decisión, adoptando a la criaturita?
He leído algún ofrecimiento en este sentido que es justo aprobar. ¿Por qué añadir a la lacerante experiencia de un abuso la opresiva de un aborto? ¿No podemos descubrir en el niño al Niño que busca en Salta su lugar? ¿No podemos ver en la jovencita a la Jovencita que lo acoge venciendo el temor a ser repudiada?
Se trata de una cuestión que nos hará más humanos... o menos. ¡Feliz Navidad!
Respetuosamente
Mario Cargnello Arzobispo de Salta

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