Siete integrantes del Atelier Fotográfico Sur comparten con la gente sus trabajos, que van desde el paisajismo hasta las miradas minimalistas. Toman fotografías bajo la guía de Rubén Dubrovsky, quien coordina la instancia. Abierta hasta el 20 de noviembre.
Salvo las dos últimas de la nómina, el resto de los talleristas participó de la conversación con “El Cordillerano”, aunque fueran dos de sus integrantes quienes llevaran sobre todo la voz cantante. Le tocó a Marson puntualizar que “el trabajo fue orientado por Rubén a cada uno de nosotros, con paisajes referidos a los cuatro elementos: tierra, agua, fuego y aire. Entonces, cada uno fue buscando una característica sobre el tema y ahí fuimos fotografiando algunos paisajes y detalles de la propia naturaleza en vivo. De ahí en más, hubo una serie de ediciones para lograr esta muestra”.
Los participantes resaltaron el aporte del coordinador. Por ejemplo, Marina Morales, expresó: “No hablo por todos porque por ahí no todos tenemos la misma antigüedad en el taller pero nosotras en particular (junto a Febus) somos re-nuevas y nos aportó un montón, aprendimos a utilizar lo que estábamos viendo en la teoría... Lo pusimos en práctica. En la teoría vemos las relaciones entre velocidad y abertura, después tenés que llevarlo a la práctica y que la fotografía salga linda. Muchas veces sale todo feo (risas), hasta que uno aprende un poquito. Empezás a probar, porque las máquinas son automáticas pero la idea es usarlas manualmente y para eso, hay que volver al tema de las relaciones y ahí empieza el aprendizaje con la cámara”, detalló.
“Es como en cualquier profesión u oficio”, añadió Marson. “Yo pienso que primero uno tiene que abocarse a la teoría, dictada por una persona muy experimentada, como tenemos nosotros en nuestro grupo con Rubén. De ahí en más, hay que llevarla a la práctica, él nos da la total la libertad de hacer a nuestro criterio y si sale mal, no importa. Mal también aprendés cómo mejorar las cosas. De ahí en más, fuimos enfocando hasta lograr lo que ustedes ven”, enseñó.
Ejes comunes
Por su parte, Dubrovsky expresó que “este grupo está funcionando desde principios de año, más o menos, con algunas incorporaciones y gente que deja con equis motivo, pero lo importante es que fotográficamente encuentren un eje, un tema común y sobre él trabajar. Creo que esto está totalmente logrado en esta muestra porque si bien tiene que ver con la naturaleza, también tiene que ver con una mirada macro que sería el paisajismo, y una mirada más de detalle, que es la profundidad que ellos encuentran en esos detalles y que personalmente hacen la diferencia en las fotos”.
Que el grupo exponga no tiene que ver con la proximidad del fin de año, sino más bien con otros criterios. “Yo soy partidario de que la muestra tiene que ser impecable. Puede tardar un año, dos años, no importa... El tema es que el grupo sienta que logró lo que quería, que logró un objetivo y que estén todos conformes. Eso es parte de una honestidad personal y del aprendizaje, poder llevar a la práctica lo que se fue viendo en los cursos en la teoría. No se fija fecha en cuanto a calendario, sino en cuanto a lograr lo que queremos decir”, explicó el coordinador.
Para Morales, los aportes fundamentales del taller “a mí me parece que son los temas. Rubén nos da un tema, una consigna... Por ejemplo, mis afectos. Y bueno, hay que pensar cómo encararlo al tema y cómo volcarlo a una fotografía, porque al otro también tiene que decirle algo. Mis afectos pueden ser muy interesantes para mí pero el que lo ve también tiene que sentir algo. Eso está muy bueno porque cada vez hay un desafío diferente”, explicó.
Más allá de los hermosos resultados que están a la vista, los integrantes de Atelier Fotográfico Sur ya incorporaron la mirada fotográfica a su vida cotidiana. Según Marina, “siempre estás mirando una foto y por ahí no tenés la cámara encima. Pero decís, qué foto...”. Para Marson “eso es algo personal, por eso cada uno de nosotros está donde está. Esto hay que amarlo para llegar a tener algo importante para cada uno. Somos un grupo pero pienso que individualmente, cada uno quiere hacer lo mejor para uno y para ofrecerlo al grupo. Como dijo Rubén, después se pule, se elige y así sucesivamente. Con cada clase o muestra, tiramos 30 o 40 fotos cada uno. Para llegar a dos cada uno tuvimos que trabajar bastante”, mencionó. La propuesta bien vale un acercamiento a la iglesia mayor de Bariloche.
Colectivo e individuo
La metodología del taller alterna funcionamientos colectivos e individuales. Ricardo Marson explicó que “a veces hay salidas en conjunto y otras veces, cada uno necesita un tiempo o una búsqueda personal. En ese caso salimos de a uno, solos. El tema es que después todo se vuelca en las reuniones y ahí vemos cuál fue el sentido de hacer fotos y si todos coinciden con esa búsqueda. Ahí se discute, a veces nos peleamos (risas) pero siempre positivamente. Siempre para crecer y avanzar”.
Resulta que “está bueno eso de discutir, por ejemplo, me parece que esta foto está buena pero no tiene que ver con la consigna y se sale para otra cosa... Entonces, eso enriquece personalmente y al grupo también. Yo creo que hacer una muestra, al grupo le significa un crecimiento muy importante porque es un logro, chiquito o grande no importa. Es un paso y eso plantea nuevos desafíos. Por ahí, tomar algún tema más jugado, más profundo, más personal o introspectivo. Eso hace que el grupo vaya creciendo y tenga una identidad, una forma de trabajar en conjunto”.
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