Todos sabemos que la droga es un negocio lucrativo y, por tal motivo, no sólo está creciendo sino que compra voluntades que van más allá de los ya conocidos sectores del poder.
Claro que hasta ahora siempre se habló en términos vagos, sin ponerle cifras concretas a este negocio. Por ejemplo, no teníamos demasiada idea de cuánto dinero se mueve dentro de Junín. Bueno, en un reportaje realizado esta semana, el Dr. Héctor Pedro Plou, además de admitir que existe narcotráfico en la ciudad y está avanzando, habló de montos que, por sí mismos, explican a qué nos enfrentamos y por qué semejante danza millonaria no puede estar desplegándose en las narices de nuestras autoridades sin que se de algún tipo de complicidad manifiesta. A menos que sean ciegos, ya las clásicas recorridas barriales del período electoral deberían servir para que, de mínima, detecten quién está haciéndose rico de la noche a la mañana. Si un ciudadano común es multado por pasarse unos minutos del estacionamiento medido o recibe cartas intimidatorias ni bien deja de abonar un impuesto, ¿cómo algunos generan millones y viven entre nosotros sin ningún tipo de problemas? De existir voluntad política se los podría agarrar por el lado económico (algo muy similar se hace en Estados Unidos). La plata es difícil de “tapar” y estos personajes nefastos, con el tiempo, terminan exhibiéndose ante la comunidad hasta por una cuestión de egos. La gran ventaja es que les cuesta mantener oculto su poderío y no mostrarlo, por ejemplo, a través de la compra de un auto de alta gama.
Ganancias
En términos comerciales el negocio no tiene demasiados misterios: existe un precio mayorista que varía de acuerdo a la calidad del “producto”, y otro minorista que también cambia según cómo se realice el corte. Plou asegura que no tiene constancia de la existencia de PACO en la ciudad aunque deja una puerta abierta: “No me animo a decir que no hay”, asegura. Y hace bien: Los investigadores ya detectaron presencia de esta droga barata (sus precios ni si quiera pueden compararse con los que vamos a dar a continuación) que destroza las neuronas en tiempo record y se consigue por cifras irrisorias (10 pesos) en cualquier lado. El drama es que por su condición adictiva demanda grandes cantidades y es ahí donde quienes consumen se vuelven locos. Pueden matar a sus padres, hermanos o hijos con tal de conseguir pequeñas dosis.
Empecemos por la Marihuana: El proveedor paga aproximadamente $ 2.000 por kilo de marihuana pura. A simple vista no parece demasiado dinero, ni siquiera alcanza el estatus de tentador. La sorpresa aparece cuando descubrimos en cuánto puede transformarse luego de ser “procesada” (en buen criollo ni bien se le agregan porquerías varias para aumentar su volumen): $ 34.000. Traten de pensar en algún otro negocio que genere esa ganancia. No existe. De ahí que el narcotráfico sea uno de las industrias más lucrativas del planeta, y que compre voluntades en todas partes.
¿Qué ocurre con la Cocaína? En este caso los precios pagados por el proveedor se mueven un poco más; entre $12.000 y 25.000. La sorpresa aparece al analizar el rendimiento: $300.000 por kilo. Una verdadera fortuna.
En cuanto a los montos totales, quienes están en el tema aseguran que hoy por hoy el narcotráfico ya es la segunda industria de Junín en términos de volumen económico, y puede superar rápido ese nivel. Un verdadero desastre que jamás podría haberse desarrollado sin apoyo institucional y del que, como comentamos en la nota de ayer (“Ernesto Tenembaum: El día que me tildó de exagerado”) sólo apareció cuando quedó plasmado en el documento que emitieron los obispos la semana pasada.
¿Qué significa esto? Toda la clase política atravesó su campaña sin siquiera mencionar el problema y estamos hablando de la segunda fuente de ingreso económico en la ciudad de Junín. ¿Puede ser que no lo sepan? Imposible.
Palabra de Plou
-¿Cuál es la situación actual en la jurisdicción del Juzgado?
-Se nota que existe un incremento en el consumo. Nos atañe y preocupa el tema del narcotráfico. Ha crecido de manera exponencial en todos los ámbitos y en ciertas localidades ha tomado un cariz demasiado serio, preocupante.
El consumo es proporcional a la cantidad de habitantes. No veo que en determinado lugar esté concentrado en mayor medida, pero la droga está presente en todos los lugares, hasta en el pueblo más pequeño…
No hay una ruta de entrada única. Hoy las comunicaciones han proliferado. Se proveen de muchas maneras y de las investigaciones surgen que una persona se nutre de alguien pero también puede tener otro proveedor. La mayoría de la droga ingresa desde Capital Federal y conurbano, también de Rosario y hasta se ha detectado ingreso de Córdoba.
No hemos tenido todavía secuestro de PACO, pero está muy relacionado con la producción del clorhidrato de cocaína, o sea que es un derivado mucho más barato. En Junín no hemos tenido todavía, pero no me animo a decir que no hay…
La marihuana está muy extendida. Hay una idea, que yo considero equivocada, de que se trata de algo liviano y hasta hay cierta complacencia social en el consumo de parte de la población. Si la sociedad no lo percibe como algo dañino, malo e indebido, eso hace más difícil todavía para que cualquier persona se inhiba de consumir.
-¿Considera que se cuenta con los medios adecuados para combatir el narcotráfico?
-Siempre hace falta algo más. Al ser una actividad delictiva tan redituable se hace muy difícil el control y combate porque da para que intervenga mucha gente y hacer más dificultosa la identificación de las personas.
Por allí, en la investigación, se sabe que una determinada persona vende pero hay que acreditarlo en el momento del allanamiento. Los que están involucrados saben esto perfectamente y han tomado la modalidad de no tener encima más que pequeñas cantidades, como para hacerlo pasar como una tenencia para consumo o tenencia simple.
-¿En qué casos interviene la justicia provincial y en cuáles la justicia federal?
-Hace unos años que la provincia de Buenos Aires adhirió a una ley que permite a la justicia provincial intervenir en cuestiones de menor cuantía y llega hasta quien vende al consumidor.
Cuando ya hablamos de la persona que vende a otros que a su vez también comercializan, allí la competencia es de la justicia federal, igual que el tráfico, producción y transporte.
Pero el resultado de esa ley es deficiente, por múltiples motivos y principalmente porque en este tema la confidencialidad es muy importante. A veces la investigación inicia con una persona que está vendiendo a consumidores y podemos obtener los datos de quien lo provee y por allí estamos avanzando en una investigación, pero cae la justicia provincial porque llega a este fulano por otro camino y nos desbarata todo…
También hay causas que nacen a partir de una investigación de competencia provincial, dan con el proveedor y deberían pasarla a la justicia federal pero sin embargo siguen adelante con la investigación, con otro código de procedimiento y otra manera de trabajar. Siguen adelante, van a allanar en el conurbano y después se declaran incompetentes.
No sé porqué a algunos funcionarios les cuesta desprenderse de la investigación cuando ven que son notoriamente incompetentes y eso, en ocasiones, lleva al fracaso.
Todo esto no resultó para nada positivo.
La policía detecta un proveedor minorista, se lo lleva al fiscal provincial y si este después avanza no tienen la facultad de decir que debe ser girado al juzgado federal. Es el fiscal quien debe decir que una investigación lo excede.
Para mí no fue una reforma feliz.
-¿Se han detectado “cocinas” en la zona?
-No, pero sí hemos llegado a lugares de producción que no están en la jurisdicción, lo que no quita que no haya porque el acceso a los precursores se puede lograr en todos lados. Ojalá que si alguna vez alguien la instala lo detectemos enseguida…
-¿Considera que la situación en la jurisdicción tendería a agravarse?
-El delincuente siempre busca el espacio que le es propicio. Si en un lugar es perseguido y no se le permite desarrollar su labor, encuentra otro sitio más cómodo. Lo que le preocupa es ir a la cárcel, pero no tiene reparos morales.
Si la gente no se compromete, se hace muy difícil. He escuchado que “Todos saben donde se vende”, hemos ido a investigar esos lugares y no pasaba nada, porque a veces el que hace circular los rumores es el mismo que vende para desviar la atención o perjudicar a la “competencia”.
-Una vez que se avanza en la investigación ¿Realmente se logra la condena efectiva al traficante?
-Nosotros tenemos el sistema republicano. La Constitución establece la presunción de inocencia, de modo que una persona, en principio, debe permanecer en libertad aún bajo proceso hasta tanto no tenga una sentencia que declare su culpabilidad y recién allí debe cumplir la condena por su delito.
La libertad durante el proceso únicamente puede revertirse ante la posibilidad de fuga o que constituya un riesgo procesal y obstaculice la labor investigativa.
El problema surge cuando el proceso se prolonga demasiado, cuando una persona estuvo detenida por venta de droga pero a los dos o tres meses se la ve en libertad, la gente se olvida, el proceso llega a sentencia mucho tiempo después. Resulta condenado pero a su vez la recurre por lo que no tiene sentencia firme, sigue en libertad y por allí va preso a los seis o siete años.
El fin de la pena ya no se cumple cuando llega tanto tiempo después y por eso lo deseable es que el juicio sea mucho más rápido.
Está en estudio un proceso de reforma penal para llegar más rápido a esa sentencia.
-¿Cuáles son las condenas?
-El mínimo para una persona que comercializa estupefacientes son cuatro años y es de cumplimiento efectivo.
La pena tiene un fin preventivo especial y concreto contra la persona del delincuente, y un fin preventivo general para el resto de la sociedad que ve que cuando alguien comete un delito sufre un castigo. Técnicamente tiene también un fin disuasivo.
Todo esto desalienta y es pernicioso para la persona honesta que se levanta a trabajar pero ve que el vecino vende droga y vive mejor que él.
-¿Desea agregar algo más?
-Sin la colaboración de la población no hay manera de llevar una lucha efectiva contra este flagelo. No hablo de perseguir a la persona que consume, sino de quien lucra con ese enfermo. Si no es identificada no podemos hacerlo cesar en esa actividad delictiva. Reitero que la confidencialidad y el anonimato tienen garantía real. Muchas investigaciones las hemos iniciado a partir de llamadas anónimas pero el compromiso de la población es imprescindible.
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