Los narcos mexicanos tuvieron una idea bomba

En un nuevo incidente entrelazado en las guerras del narcotráfico, la policía mexicana salvó en la ciudad de Tijuana a un hombre que, atado y golpeado, había sido abandonado a pocos metros de una estación de servicio con una granada pegada al cuello con cinta adhesiva. Después de un amplio operativo, la víctima, de unos 25 años, quedó detenida bajo la sospecha de ser un sicario perseguido por alguna banda rival, según aseguraba un "narcomensaje" adosado a su cuerpo.
Sólo un día antes, en Ciudad Juárez, otra ciudad mexicana en la frontera con Estados Unidos, miles de personas habían marchado para recordar el asesinato de 15 jóvenes ocurrido el 31 de enero y repudiar la presencia del ejército en la localidad. Los pobladores consideran que los militares, clave de la estrategia oficial de contención del crimen organizado, mantienen con la gente un trato "indigno, violatorio, prepotente y anticonstitucional": así lo resumió el diputado Gerardo Fernández, del izquierdista Partido del Trabajo (PT). "Hoy hay más ejército que nunca en Juárez, y hoy hay más criminalidad que nunca en Juárez", acabó de sintetizar.

La manifestación, sin embargo, no pareció impactar en el gobierno del presidente Felipe Calderón, que anunció el despliegue de otros 2.600 efectivos en Ciudad Juárez, 400 de los cuales estarán dedicados a tareas de investigación e inteligencia.

En lo que va de 2010, en Ciudad Juárez perdieron la vida unas 300 personas, mientras que el año pasado se registraron 2.635 homicidios. Estas cifras la vuelven la segunda ciudad más violenta del mundo, pero muy detrás de Bagdad.

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