El encargado, Juan Manuel Sarmiento, aseguró que no reciben ayuda del Estado ni de la Iglesia.
Con mate y brownies en una tarde de mucho frío Juan Manuel Sarmiento, el encargado de acompañar a los chicos que están en recuperación en Fazenda de la Esperanza, recibió a El Tribuno en Potrero de Linares. Solo se escuchaban pájaros y el aire estaba limpio. El centro se inauguró el 6 de diciembre de 2014 para jóvenes que sufren adicción o depresión. "Fazenda" es una palabra en portugués que significa hacienda o granja. Con respecto a las críticas porque se cobra para ingresar y una cuota mensual, Juan Manuel explicó que no recibe ayuda del Estado ni de la Iglesia y que se autosustentan. "Nadie se puede quedar fuera de la Fazenda por no tener dinero; tenemos en cuenta la necesidad de cada familia. El fin no es económico; aquí ninguna persona tiene sueldo", manifestó. "Trabajamos con un ingreso de 5.000 pesos; cada mes le entregamos a la familia una canasta de productos por un valor de 2.500 pesos. Ella asume el compromiso de venderla o consumirla", explicó. La canasta está compuesta por productos que elaboran los chicos, como escabeches, conservas de verduras, mermeladas y rosarios. Además, hacen intercambios de productos con otras fazendas y reciben remeras y libros. "Así el chico se siente útil porque desde acá adentro va generando su propia plata para su recuperación", dijo Juan Manuel."Hay familias que tienen la posibilidad y lo abonan sin problema. Hay otras que no pueden; hablan y ponen en común cuál es la situación y vemos las ganas del chico de querer cambiar. Entendemos que no sirve traer a alguien obligado. Siempre vemos lo que manifiesta el chico, si verdaderamente quiere cambiar de vida, si quiere estar acá o es por una causa judicial, la mamá lo quiere traer o su señora lo obliga. Cada persona tiene que tomar su decisión", sentenció.
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