Nadar y hacer corriente

Nadar y hacer corriente

Fue Cordobesa del Año en 2011 por su trabajo como profesora de natación de chicos especiales. Aquejada por problemas de salud en los últimos tiempos, y lejos de darse por vencida, volvió al ruedo apenas puso un pie afuera del hospital.

Trombofilia. Una sola palabra, un diagnóstico y una racha que incluyó tres accidentes cerebrovasculares, de los cuales el último la dejó hasta la semana pasada en una sala de hospital. Lejos de amedrentarse, a los pocos días ya estaba de vuelta en las instalaciones del Club Matienzo, con sus chicos y su equipo de colaboradores.

Silvia se encuentra en pleno proceso de rehabilitación, pero no puede con su genio y cuenta que ya le toca preparar un viaje a Pekos, que había prometido. Los chicos con los que trabaja tienen distintas discapacidades, pero junto a los padres y profesionales lograron conformar un grupo fuerte y unido a través de la natación, deporte que sirve de motor para la realización de muchas otras actividades. Y hay que ver cómo le brillan esos ojos claros cuando los menciona.

“Un día invito a los padres a la primera reunión para preparar el viaje a Colombia por un torneo. Y la mamá de un alumno me preguntó qué podía hacer su hijo allá. Le respondí simplemente que iba para demostrar lo que sabe, porque yo voy más allá de la medalla o del puesto. Finalmente decide dejarlo viajar, pero si ella lo acompañaba. En la primera competencia que le toca a su hijo, llega primero. Salió de la pileta, vino corriendo, me abrazó y me dijo al oído: ‘Tenés razón: yo puedo’. Ese ‘yo puedo’ es lo que a mí me da fuerzas cada día”, cuenta Silvia, con voz pausada.

–¿Qué problemas de salud atraviesa?

–El diagnóstico es trombofilia. Es decir que mi sangre hace coágulos. Tuve tres ACV, y del último hace sólo una semana que me dieron de alta. Estoy muy agradecida, porque el equipo de médicos del Cardiológico, mis compañeros de secundario, mis amigas y mi familia, estuvieron siempre al lado mío. Les debo mucho. La verdad que cuesta, porque todos tenemos nuestros días buenos y malos, pero basta que uno de los chicos me llame o vaya al bar con ellos y ya me cambia el humor y me eleva el espíritu. Me doy cuenta de que podés volver a levantarte y seguir haciendo cosas.

–¿Hace una semana que le dieron el alta?

–Sí.

–¿Y ya fue al club?

–Sí, estuve ayer.

–Me parece que si su médico lee esto, la reta...

–En realidad, por ahora lo que no puedo hacer es meterme a la pileta y eso lo estoy cumpliendo. Pero sí puedo moverme, hacer los viajes sin estar a cargo ni coordinando el grupo, sino acompañando. Yo antes estaba a cargo sola; ahora hay un trabajo conjunto por parte de los profesores, y eso hace las cosas mucho más fáciles.

–¿Cómo se conforma el equipo que se viene armando?

–Tenemos un kinesiólogo, una psicóloga, un acompañante terapéutico y cuatro profesores, que asisten en función de las tareas que realizan y a las necesidades que surgen, no van todos los días. Los martes y jueves por lo general son los días que más presencia de chicos tenemos, prácticamente no falta nadie.

–¿Cómo son las actividades que llevan adelante?

–Estamos en el Club Matienzo, de lunes a viernes de 15.30 a 17.30 y los sábados por la mañana. Tenemos un grupo de 32 chicos, aunque en realidad hay niños, jóvenes, adultos y trabajamos con todo tipo de discapacidad. Pero lo que tratamos es formar un grupo de amigos que tenga valores, con el objetivo de que puedan llegar a ser más independientes y autónomos. Para eso viajamos: hemos ido a Colombia, a Ecuador, este año a Uruguay. Y además hay cinco torneos que se hacen en el ámbito nacional a los cuales tratamos de asistir. Lo que por ahí se hace muy difícil es el tema de los costos, y para poder solventarnos, hacemos tres grandes actividades anuales: una es la maratón que realizaremos en el próximo mes de marzo, y lo recaudado se destinará al nuevo viaje a Colombia. Además, cada fin de año hacemos un calendario para vender en el que mostramos las actividades que hacemos con los chicos, porque no es sólo la pileta: vamos al teatro, a reservas naturales y hacemos paseos culturales. Finalmente, organizamos un torneo de natación en el Polideportivo General Paz, los días 28, 29 y 30 de noviembre.

Juntos

“Los papás de los chicos están nucleados en la Fundación Contener, y son incondicionales a la hora de colaborar. Es un grupo excelente de padres: cuando me pasaron a la terapia intermedia tenía que estar las 24 horas acompañada y ellos se quedaban, también compañeros míos del secundario. No deja de sorprenderme la ayuda desinteresada de todos ellos”, dice Silvia mientras sus sobrinos juguetean alrededor.

–¿Qué mensaje tiene para los papás que por temor no dejan asistir a sus hijos a este tipo de actividad?

–Que los entiendo, pero creo que si a los hijos que no sufren discapacidades los dejan realizar deportes o recreación, estos chicos también tienen el derecho de hacerlo y tienen el derecho de contar con un grupo de pertenencia, como cada uno de nosotros. Creo que es importante que el padre conozca el grupo en que se mueve su hijo, como ocurre normalmente. A esos papás les digo que van a ver el crecimiento a medida que los vayan dejando volar. Eso es imprescindible.

–¿El calendario 2015 sale en los próximos días?

–Si, en unos días ya va a estar para la venta. Los chicos lo venden en su casa e incluso también se lo puede conseguir en el Club Matienzo y en algunos otros lugares también. En el entorno familiar es muy esperado, y este va a ser el octavo que hacemos. Es una de las formas de juntar algo de dinero, así que esperamos que como cada año la gente colabore.

–Por lo general, para los vínculos y la socialización se trabaja con deportes de equipo. ¿Cómo funciona la natación en este aspecto?

–Se generan grandes vínculos con la natación, porque es cierto, la natación es un deporte individual donde uno mide su tiempo, donde la pelea y la lucha es contra las propias limitaciones; pero también está latente la idea de que si yo puedo, por qué vos no. Entonces surge el “dale que podés”, “mirá, yo te muestro”, “yo te ayudo”, el “yo te llevo”. En las competencias donde están los más chiquitos, que son carreras de 15 metros, más de una vez los grandes han pedido meterse y ayudarlos. Por eso digo que se generan fuertes vínculos con la natación. Es un motivo para convocar y formar grupos. Nosotros tenemos un tercer tiempo en el bar, tres veces por semana, de manera que a partir de la natación también nacen otros ámbitos y otros espacios.

Alegría total

“Cuando ellos se dan cuenta que pueden es tal la alegría, que presenciar eso es impagable. Verlos más grandes, algunos que están de novios, que son capaces de organizar un programa solos, que se inviten entre ellos, todo eso es muy lindo. En definitiva, observar y ser testigos privilegiados de su crecimiento y su felicidad. Uno simplemente lo que trata de hacer es brindarles algunas herramientas”, explica Silvia, que empezó la tarea en al año 1995 y desde esa fecha no paró. En el 2011, como reconocimiento a su dedicación, la eligieron “Cordobesa del Año”, a través de una votación que realiza el diario La Voz del Interior.

Cómo ayudar

Para colaborar con la tarea de Silvia, en los próximos días saldrá a la venta el calendario 2015, en el que se ven imágenes de su trabajo con los chicos. Quienes deseen colaborar con ella, pueden comunicarse a través del correo electrónico svelezfunes@gmail.com.

También pueden dirigirse al Club Matienzo, ubicado en la esquina de Italia y Zípoli, en el horario de las actividades de los chicos.

 

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