En 2007, Sebastián Altamirano fue atropellado por el tren que cruza Cabrera y perdió las piernas y uno de sus brazos. Desde entonces, brega por una prótesis importada y espera una propuesta de trabajo
Entonces tenía 14 años. Hoy, a los 20, su objetivo es más necesario y urgente: conseguir la prótesis que le permita volver a ponerse de pie y caminar, y lograr que alguna empresa le dé la chance de poder trabajar.
Sebastián fue atropellado por el ferrocarril en el paso a nivel que está pegado a la
terminal de ómnibus de Cabrera. Esa tarde, había salido de su casa junto a uno de sus hermanos para ir a jugar a lo de un primo y, ya cerca de las diez de la noche, regresaban en bicicleta cuando se toparon con el tren en uno de los cruces sin barrera, ni ninguna otra medida de prevención.
“Estaba oscuro, venía con los auriculares en la bici y no me acuerdo más. Cuando me desperté estaba en el hospital de Río Cuarto y mi familia me contó lo que había pasado”.
De aquel largo peregrinaje por quirófanos y consultorios de Río Cuarto y de Córdoba, logró sobrevivir con su cuerpo diezmado: perdió las piernas y su brazo derecho.
El mismo episodio, contado por su madre, corta el aliento: “Estaba trabajando y veo que llegan unos chicos a buscarme y gritando que a mi hijo lo había agarrado el tren. Corrí al lugar pensando que no se salvaba. La policía no me dejaba pasar y, en medio de toda la confusión, lo escucho gritar que le dolía. Ahí, me metí de prepo. Ya no tenía el brazo, le faltaba una pierna y decía: “Mirá cómo estoy, no voy a poder jugar a la pelota”. Yo le puse mi cara contra la de él para que dejara de mirar, mientras los paramédicos se lo llevaban”.
Transcurrieron seis años y, con apoyo psicológico, Sebastián pudo recomponer su ánimo a tal punto que resulta conmovedor escucharlo hacer planes. En pareja desde hace unos meses con Celeste, anhela formar una familia y conseguir una propuesa laboral.
Para eso, se metió de lleno a estudiar el secundario, obtuvo uno de los mejores promedios y a fin de año se recibirá junto a sus compañeros. El egreso de Sebastián marcará todo un hito: será el primero de los siete hermanos que habrá concluido sus estudios.
Eso no es todo. Lo que lo desvela desde que quedó en silla de ruedas es que de una vez por todas aparezca la prótesis que sus médicos le indicaron y que le permitirá dar sus primeros pasos desde aquel accidente.
No le resultó nada sencillo porque luego de largas negociaciones, su mutual sólo acepta cubrirle una prótesis nacional y no la importada que le prescribieron. En ese tironeo se encuentra estacionado.
A la par de esa pelea, su caso está desde hace años tanto en la Justicia Federal como en la ordinaria porque mientras en la sede federal se están esperando las pericias médicas y mecánicas que determinarán cómo sucedió el impacto y si la empresa Nuevo Central Argentino tomó o no las previsiones necesarias para evitar el accidente, en los tribunales provinciales la familia Altamirano está pugnando por un reconocimiento de los daños y perjuicios.
“El Código Procesal de la Nación contempla la posibilidad de una audiencia a los fines de lograr un avenimiento, es decir un acuerdo, entre las partes, cuestión que la empresa nunca ofreció ni tampoco lo hizo la compañía de seguros. Si la empresa hubiera ido con voluntad este caso ya estaría cerrado. Pero ha dicho que no tiene obligación de colocar barreras y ha desconocido el hecho atribuyéndole la culpa de lo que pasó a la víctima”, destacó el abogado querellante, Lucas Giorgi.
Giorgi agregó que no deja de sorprenderle que una de las empresas más grandes de la Argentina no haya mostrado el mínimo gesto para reparar el daño que le provocó a un vecino de la localidad. “No sólo desconoció cualquier responsabilidad sino que ni siquiera tuvieron el gesto de llamar por teléfono a la familia de Sebastián para preguntarles si necesitaban algo, o para ofrecerles una ayuda laboral, como podría ser un Plan Primer Paso”.
Frente a esta situación, Sebastián prefiere mirar hacia adelante y agradecer la invalorable ayuda que recibió en su ciudad. “Si no hubiese sido por el enorme apoyo de la comunidad de Cabrera no hubiera podido salir a flote. Organizaron sorteos y donaciones para pagar todos los gastos que iban surgiendo. Incluso ahora, se organizó una rifa para que pudiera tener mi fiesta de egreso con mis compañeros del Cenma. Del lado de Nuevo Central Argentino pensaba que en algún momento se iban a hacer presentes, saben dónde vivo, saben dónde encontrarme. A esta altura, ya no creo que eso pase”.
Seis años después, el cruce sigue siendo riesgoso
El ferrocarril que cubre la línea Cabrera-General Deheza-Carnerillo atraviesa tres puntos sensibles de General Cabrera, cerca de colegios y en sectores donde el tránsito es fluido.
El paso a nivel donde se produjo el grave accidente de Sebastián Altamirano está a una cuadra de la terminal de ómnibus y tal como ocurriera aquella fatídica noche del 18 de octubre de 2007 continúa siendo un peligro latente para quienes circulan por el lugar.
Allí, no hay barreras ni personal que realice custodia ni ningún otro elemento que garantice la seguridad de los peatones y de los automovilistas.
“Algunas veces, se sabe bajar un hombre del tren y corre al lado de las vías para avisar a la gente, esa es toda la advertencia”, se lamentó Sebastián.
En la edición del último domingo, un informe de PUNTAL dejó en claro que son varias las
localidades de la región que están expuestas por la falta de medidas de seguridad en los pasos a nivel
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