El Museo del Hombre Chaqueño prepara y convida caña con ruda para los males de agosto

El Museo del Hombre Chaqueño prepara y convida caña con ruda para los males de agosto
Hoy, a partir de las 7 de la mañana, el Museo del Hombre Chaqueño Ertivio Acosta abrirá sus puertas para el ritual del convite de la caña con ruda a todos los vecinos, amigos y allegados que quieran combatir los males de agosto.

La tradicional vacuna folclórica que se toma cada 1 de agosto se preparó en días previos y anoche se recibió el nuevo mes con música y videos que compilan las investigaciones y experiencias de Ertivio Acosta en el campo de la cultura popular.

La preparación de la vacuna folclórica.

Además, los interesados podrán adquirir la caña con ruda en envases que van de los 50 ml al litro, ya que la Asociación de Amigos del Museo tiene a la venta botellas cuidadosamente etiquetadas.

En palabras de Ertivio

El Museo del Hombre Chaqueño extractó de su biblioteca “Miranda Borelli” un artículo de Ertivio Acosta, uno de los que más cultivó este ritual. La investigación forma parte de la compilación hecha por el organismo, el libro Cultura Popular Regional y se titula “Caña con ruda, la vacuna folclórica”.

El tradicional convite de caña con ruda en el Museo del Hombre Chaqueño.

Ertivio afirmaba acerca de la caña con ruda: “Los documentos de la conquista nos hablan de que los indios guaraníes eran diezmados periódicamente por ciertas enfermedades que los afectaban en épocas de las grandes lluvias o intensos fríos, también posteriores afirmaciones que comentan la civilización guaraní destacan el hecho de que a las grandes pestes las enfrentaban con ciertas bebidas espirituosas y yuyos mágicos que el “payé” (curandero) usaba para espantar los malos espíritus del cuerpo; ya relacionados con curaciones caseras, nuestros abuelos trataban de quitar los males del espíritu con la famosa “contrayerba” (usada por el contrapayé) y la “toma” de la “guaripola”, bebida muy fuerte, que luego por extensión es el nombre que recibe la “caña blanca” o “caña paraguaya”.

Al parecer, en tiempos de invierno nuestra gente de la región unía la guaripola con la contrayerba para prevenir las enfermedades de esa época, conocida en el folklore como “calentura” por la fiebre que produce y en guaraní “tiriri” o “chucho”.

Algunas personas de avanzada edad manifiestan que la “caña con ruda” es para que no le “retiente” los “bichos” en los grandes fríos.

Los españoles traen la ruda, acompañada de toda su fama de yuyo mágico con una historia tan particular que ya Aristóteles afirmaba que impedía el mal de ojo. Plinio advierte que la ruda del campo causa hinchazón en las manos. Hernando Castrillo en su Historia de Magia Natural dice: “La ruda tiene muy conocidos provechos, el zumo previene de picaduras de abejas, avispas, escorpiones y arañas”.

Gaudencio hacía notar que un palo de la raíz puesto en la oreja quita el dolor de cabeza. Galeno califica al zumo como muy efectivo para colirios.

Nuestra gente regional asegura que la ruda termina con la frialdad conyugal, el marido, colocando unas hojitas de ruda bajo la almohada del lado que se acuesta su mujer, consigue que esta de inmediato se vuelva apasionada. Como la creencia popular es tan amplia, algunos incluso recomiendan plantar dos rudas a la entrada de la casa, una en cada extremo, la ruda que se seca es la que indica al vecino que le anda “tirando la yeta”. También fue clasificada: la de hojas pequeñas en la ruda hembra, la de las hojas grandes la ruda macho.

La mezcla milagrosa se realiza un día antes del primero de agosto, se frota lentamente la ruda entre las palmas de la mano y en un litro de caña generalmente se colocan dos o tres gajitos de la mágica hierba.

La creencia popular afirma que si no se toma algunos traguitos de este preparado, el hombre está expuesto a sufrir los “males de agosto”, y que “San La Muerte” puede andar rondando. Entre las creencias más destacadas tenemos: si una persona sufre fractura de huesos nunca más sanará; si algún anciano es atrapado por la “calentura”, es decir alta fiebre, morirá; los domadores se exponen a una muerte segura en sus ocupaciones y un sinfín de posibilidades malignas tanto en el cuerpo como el espíritu, pues pueden ser presa fácil de algún “payé”.

Las madres desde horas tempranas recorren los lechos de sus hijos, incluso los más pequeños, para darles un sorbito de “caña preparada” para salvarlos de la disentería y los empachos “pucu”. ¿Quién no tomó alguna vez “caña con ruda” estando en el campo o entre las familias guaraníticas? Es una costumbre que llegó hasta las grandes ciudades, se practica esta tradición en todos lados donde se encuentre un litoraleño de ley, y no nos alarmemos por ello, porque como dice el refrán “una vez al año no hace daño”, al contrario, parece que cura y aunque no creamos mucho de ello nos conviene tomar unos traguitos por las dudas, no sea que por ello no pasemos “el agosto”.

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