Atender las demandas básicas de un pueblo no sólo tiene que ver con las necesidades materiales, sino también con el rescate de la memoria y el patrimonio cultural, la recuperación de los relatos, la construcción de su identidad.
Pero también hubo espacio para el patrimonio "inmaterial", que generó multitud de aplausos. Fue cuando los chicos presentaron una obra de teatro y luego un pequeño recital de la orquesta de la escuela. La muestra fue montada en primer término para que la comunidad se reconozca como tal, pero también para exhibir el resultado del programa de "museo barrial", que una veintena de jóvenes desarrolló con apoyo del Museo de la Patagonia, el municipio y la gerencia de Empleo y Capacitación del ministerio de Trabajo de la Nación.
Se trató de un "entrenamiento laboral" enmarcado en el proyecto escolar del CEM 97, que funciona en las 34 Hectáreas y ofrece la modalidad de "animador sociocultural".
Los alumnos (muchos de ellos con sobreedad y dificultades para insertarse en el mundo del trabajo) cobraron una beca de 750 pesos durante ocho meses para efectuar el relevamiento.
El trabajo comenzó con los abuelos, quienes desplegaron relatos sobre la conformación del barrio, que nació de la relocalización forzosa de cientos de familias provenientes de distintas tomas. Continuó luego con los chicos, nacidos ya en "Las 34" y orgullosos del cruce de identidades que transita por sus calles.
Rubén Muñoz, alumno de 4° del CEM 97, dijo que al principio les costó dar a entender hacia dónde apuntaba el proyecto pero luego los vecinos "se animaron a participar" y facilitaron para el museo muchos de sus objetos más queridos.
Su compañera Raquel Sandoval (de 5°) valoró la capacitación adquirida y el trabajo de "participación comunitaria" que pudieron recrear.
La demostración de ayer cerró "a toda orquesta" con los chicos y chicas que tienen ya un dominio básico de trompetas, trombones, flautas, violines y violas, adquirido en los talleres de la "jornada extendida".
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