Norma Navarrete, sobreviviente de la masacre de Rincón Bomba, donde fueran asesinados cientos de indígenas en su mayoría de la etnia pilagá, falleció el pasado 8 de mayo.
El documental Octubre Pilagá, tiene en el testimonio de Norma, en donde cuenta el padecimiento de las niñas violadas durante la represión en la que este método aberrante fue utilizado como arma por la Gendarmería Nacional.
Hace algunos años atrás cuando se proyectó el documental en Las Lomitas muchas mujeres fueron a verlo. Muchas reaccionaron y se acercaron a contar que sus madres y sus abuelas también había sido violadas, que estos hechos eran los más ocultos, los más secretos, y los que no sólo dolían profundamente a las mujeres sino a también a los hombres que no habían podido evitarlos.
Valeria Mapelman, Directora del documental, dialogó con Radio Uno y El Comercial y expresó al respecto que la causa se inició hace varios años sin que haya una noticia concreta ni en el juicio penal ni el civil.
“Están ambas instancias en marcha pero no sabemos qué es lo que está sucediendo y no hay voluntad por parte de la Justicia para dar respuestas positivas para las víctimas que es lo que importa”.
Agregó además que: “La violación fue usada como arma durante la masacre de La Bomba. Durante este genocidio, la violación fue parte del método. Muchas mujeres que vieron el documental y la escena de ella cuando hablaba sobre este tema, reaccionaron y dijeron que a sus abuelas y a sus madres les pasó lo mismo”, dijo.
Dijo también que: “Esto fue algo sistemático, no se violó a una chica aisladamente. La masacre que duró muchos días, se inicia el 10 de octubre pero termina a fin de mes y donde los grupos son perseguidos por el monto y recapturados”, describió Mapelman que añadió también que lo ocurrido a las mujeres durante ese tiempo, además fue padecido por los hombres que no pudieron evitar esa situación: “Fueron cosas que quedaron ocultas porque no solamente era algo muy íntimo y traumático sino también con una sensación de no haber podido evitar algo que hizo sentir mal a todos”; declaró.
Mapelman manifestó que “el método” utilizado por los gendarmes que protagonizaron esos hechos, se utilizó tanto en la zona norte como también en la región sur del país: “Se usa esta forma de actuar para dejar una marca en un pueblo y esto ha sucedido, no solamente a ellas sino también a ellos. Traspasa una cuestión de género y sirve para marcarlos a todos. No se habla del tema, es algo muy oculto pero ella se animó a hablar de ello”, dijo.
Crímenes de lesa humanidad
La entrevistada sostuvo que mantuvo un diálogo extenso con muchos miembros de la comunidad afectada por el genocidio ysubrayó que hay una marcada diferencia entre el tratamiento de este caso y los referidos a los excesos cometidos por la última dictadura militar.
“Hay gente que no se permite acercarse a escuchar con tranquilidad, historias que muchas veces son difíciles de comprender. Cuando empezamos trabajar con los abuelos sobrevivientes de esa masacre, fue complicado comprender la dimensión de los que nos estaban contando. Era tan grande y tan grave que nos parecía imposible que estuviese oculto tanto tiempo”, sostuvo Mapelman señalando que hay una importante responsabilidad de la sociedad para instruirse sobre lo que ocurrió.
Seecholé (Norma Navarrete) con su hijo Julio, protagonistas de Octubre PilagáSeecholé (Norma Navarrete) con su hijo Julio, protagonistas de Octubre Pilagá“Hay que sentarse un rato largo para escuchar y comprender lo que nos dicen. Las campañas al desierto del gran Chaco, tuvo su momento más violento en 1880 cuando Victorica es enviado por Roca a terminar y cerrar lo que era el proyecto de Conquista”, destacó la cineasta que subrayó la fuerza y la determinación con la que los pueblos aborígenes resistieron lo que ellos consideraban una invasión de sus tierras.
Insistió que hubo una conducta en extremo violenta por parte de los uniformados que en muchos casos, producían violaciones a las mujeres detenidas con el objetivo de obtener información sobre los aborígenes que habían escapado de los disparos de las ametralladoras de la Gendarmería. Explicó que la violación se había convertido en una práctica habitual en esos días, el peso del daño psicológico también cayó sobre los varones que poco pudieron hacer para evitar las violaciones.
Resaltó que los caciques y los capitanes aborígenes fueron capturados violentamente además de que las familias aborígenes fueron disgregadas y entregadas en familias blancas. Muchos otros debían caminar muchos kilómetros para poder trabajar diariamente en los obrajes.
“Hubo un tiempo en donde la resistencia fue muy fuerte y por supuesto tanto los pilagá como los Qom y Wichi, se refugiaron en misiones que eran lugares en donde, por un lado el estado reservaba mano de obra para realizar todo tipo de trabajos. Y eso pasó duramente mucho tiempo en el gran Chaco dañando a muchas personas”, describió.
Al ser consultada sobre si sigue teniendo contacto con las mencionadas comunidades, sostuvo que mantiene una charla habitual con las comunidades y resaltó que en las nuevas generaciones, los aborígenes tienen mucha más apertura en el sentido de que tienen acceso a tecnologías como las de los teléfonos celulares: “Manejan internet y entonces se comunican. En La Bomba se inauguró hace poco un pequeño museo de la memoria donde hubo visitantes”, dijo sobre la inauguración hecha el año pasado.
Indicó que las nuevas generaciones de jóvenes aborígenes tienen una tendencia a acercarse más a las tecnologías de la comunicación para poder explicar sus puntos de vista y lograr una apertura para establecer una conexión con la sociedad blanca.
“Esto traspasa las
cuestiones partidarias”
Valeria Mapelman, directora del documentalValeria Mapelman, directora del documental“Esto traspasa las cuestiones de política. Hay que decir que se recuerdan los hechos de la dictadura de los años 70 y se juzgan esos hechos pero hacia atrás, parece que no ha pasado nada. Lo que sucedió en el año 1946, pasó en un momento muy particular durante el primer gobierno de Perón y eso como un tema que no está en la agenda actualmente”, detalló la entrevistada que explicó así que fue muy importante el olvido que padecieron las comunidades aborígenes que debieron esperar varias décadas para que haya un inicio de una causa judicial que investigue lo sucedido.
Señaló sin embargo, que son pocos los avances que se han concretado y que involucrados, tanto víctimas como investigados fallecen debido al correr del tiempo.
“Hay derechos humanos que para los indígenas no existen. Traspasa también las cuestiones partidarias porque hay también algo que no se ha discutido del todo acá que es que el genocidio del pueblo aborigen existió y no se lo ha tratado. Cuando uno habla de eso parece que se refiere a algo que no existe y no se discute”, manifestó la emprendedora que resaltó que es clave poder retomar la discusión sobre el pasado y la actualidad de los pueblos aborígenes considerando que viven en una miseria importante.
“Viven en condiciones extremas, hace falta agua, salud, vivienda digna y tierras y títulos de propiedad. Hay una deuda que tiene que ver con todas esas cosas”, manifestó la cineasta que destacó señalando además que es necesario dar un nuevo impulso a la causa por el genocidio de las comunidades aborígenes.
La masacre de Rincón Bomba en los hechos
Desde finales de septiembre y hasta principios de octubre de 1947 decenas de familias que se habían trasladado desde los más remotos parajes se instalaron en el lugar en torno a Tonkiet, un hombre que según los ancianos sobrevivientes, sanaba con su palabra. Todas las tardes y hasta bien entrada la madrugada el sonido de los tambores, los cánticos y las alabanzas se escuchaban a varios kilómetros de distancia. Las familias continuaban llegando y con el correr de los días ya eran varios cientos de personas, quizás miles, ocupando las orillas del madrejón. Pronto la multitudinaria reunión fue vista con recelo por las “autoridades” militares y civiles a cargo de la vigilancia del entonces territorio nacional y se intimó a las familias para que abandonaran el paraje. Un hombre sobresalió por aquellos días como interlocutor entre los pilagá y las “autoridades”: Oñedié, conocido como el cacique Pablito Navarro, que por sus conocimientos del castellano obró de mediador en un conflicto desigual con un final que ya estaba escrito y que extendería la conquista al desierto chaqueño hasta mediados del siglo XX.
A pesar de las advertencias, los caciques y los sabios se negaron a abandonar un espacio que no sólo consideraban sagrado sino que se encontraba dentro de su territorio ancestral, y esta actitud fue asumida como un acto de rebeldía.
En la tarde del día 10, efectivos de la Gendarmería Nacional apuntaron sus fusiles y ametralladoras y dieron comienzo al genocidio que se extendió por lo menos durante ocho días, abarcando un territorio de cien kilómetros cuadrados. La masacre de La Bomba dio como resultado un número aún hoy indeterminado de muertos y desaparecidos de todas las edades, la reducción de cientos de cautivos en “colonias indígenas” y el despojo territorial que trajo aparejada la persecución y el destierro.
Comentá la nota