El ingeniero en sistemas, miembro de una tradicional familia de bodegueros, falleció mientras estaba trabajando.
Miembro de una de las más tradicionales y emblemáticas familias bodegueras de Tupungato, Giaquinta fue sepultado ayer a las 16 en el cementerio de esa ciudad valletana con una concurrida y sentida asistencia.
Según contaron a Diario UNO allegados a la familia, el infarto cardíaco fue tan fulminante que ni siquiera hubo tiempo para llevarlo a un hospital.
Su fallecimiento en el lugar de trabajo obligó a la intervención de la Policía Científica, de un fiscal y al traslado de su cuerpo a la morgue, donde los forenses determinaron que había fallecido por un paro cardiorrespiratorio.
Quienes lo conocieron aseguran que no arrastraba ninguna patología del corazón que pudiera haber disparado semejante desenlace.
Cosas de la vida, Miguel Ángel Giaquinta hijo ya había estado al borde de la muerte hace cuatro años, en la finca de su familia en Tupungato.
En aquella ocasión, una creciente arrastró la camioneta en la que se trasladaba junto con otros cuatro familiares cuando intentaban cruzar el río Anchayuyo, que atraviesa la propiedad.
Se salvó por milagro, tanto él como los otros cuatro ocupantes, que fueron rescatados de las aguas mientras el rodado quedaba destrozado.
A los 16 fundó un periódico
Aquel terrible accidente del que salió con vida pero que le dejó una severa lesión temporal en uno de sus pies lo marginó durante un año y medio de la UTN (Universidad Tecnológica Nacional), donde estudiaba la carrera de ingeniero en sistemas.
Sin embargo, recuerdan sus amigos, tuvo la fuerza para retomar los estudios, recibirse entre los más altos promedios y darse el lujo de hacerlo con la promoción de compañeros con la que había arrancado, a pesar del retraso que le había provocado aquella tragedia con suerte.
Pintado como un joven querido por su “sangre liviana” y su “espíritu inquieto”, ya siendo bien adolescente se lanzó en un emprendimiento que caminó durante unosaños hasta que las oportunidades de su profesión lo convocaron.
Es que Miguel Ángel Giaquinta hijo, con apenas 16 años, junto con su hermano Francisco y un entrañable amigo de ambos fundaron el periódico El Volcán, cuya tirada se mantuvo en la ciudad de Tupungato hasta que él tomó de lleno el camino que se le abría, el de la ingeniería en sistemas, que era para lo que se había preparado.
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