Murió su hermana y no dudó en adoptar a sus siete sobrinos

Murió su hermana y no dudó en adoptar a sus siete sobrinos

Ocurre en Villa Bonita, Oberá. La mujer, madre de dos hijos, tiene 38 años y ahora debe cuidar a nueve chicos de entre 8 meses y los 12 años

En la humilde casa de Villa Blanquita las necesidades están a la vista, pero sobra amor para afrontar los pesares y las necesidades diarias. Desde octubre pasado Gabriela Martínez (38) tiene la custodia de siete sobrinos, hijos de su hermana que falleció por problemas pulmonares.

 

La mujer tiene dos hijos propios, por lo que está a cargo de nueve criaturas de entre ocho meses y doce años, cinco nenas y cuatro varones que dependen exclusivamente de ella, ya que está separada de quien fue su pareja durante varios años.

 

“Mi hermana falleció en octubre y desde entonces los chicos están conmigo. Yo tuve que dejar de trabajar porque todos son chicos y no puedo dejarles solos. Un mes antes de morir mi hermana tuvo un bebé que ahora tiene ocho meses y la mayor es una nena de 11 años”, detalló Martínez.

 

Aseguró que actualmente su único ingreso económico es el monto que percibe por la asignación universal de sus dos hijos, lo que resulta insuficiente para cubrir los gastos de la casa. Para colmo, el bebé padece problemas de salud y cada quince días debe trasladarlo a Posadas para realizar un tratamiento.

 

“El padre de las criaturas de mi hermana desapareció y la familia no se interesa, y mi familia tampoco tiene medios para ayudarnos. Desde el año pasado estoy gestionando el salario de los chicos en la Anses, pero siempre falta un papel y no sale”, argumentó.

 

La solidaridad

Garbiela reconoció que en más de una ocasión deben recurrir a la solidaridad de los vecinos para poder comer, al tiempo que hace varias semanas que los chicos no toman leche.

 

Al respecto, comentó que “en la salita consigo leche para el bebé, pero no hay para los más grandes y me parte el alma porque quieren y no hay. Los que más sufren son los mellizos (de 4 años), que todavía son chiquitos y me piden cuando ven que le doy la leche al bebé”.

 

Los menores en edad escolar asisten a la Escuela 667 del barrio Mayor Krause, donde reciben el desayuno que muchas veces constituye en la principal comida del día, reconoció Martínez.

 

“Fui varias veces a la Municipalidad, pero me prometen y nunca consigo nada. Ahora empiezan los fríos y los chicos casi no tienen calzados, también necesitamos abrigos y mercadería”, enumeró angustiada.

 

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