A menos de dos meses de cumplir cien años, falleció el escritor Ernesto Sábato en su casa de Santos Lugares. Así lo confirmó su última esposa Elvira González Fraga.
"Hace como quince días tuvo una bronquitis y a la edad de él esto es terrible", añadió la mujer en declaraciones radiales. Sus restos serán velados a partir de las 17 en el Club Defensores de Santos Lugares, ubicado en la calle Severino Langeri 3162.
Sábato iba a ser homenajeado mañana en la Feria del Libro por el Instituto Cultural de la provincia de Buenos Aires en su cumpleaños número 100.
Fue ante todo escritor y ensayista. Pero también un gran pensador, un físico retirado y pintor aficionado. Sábato tuvo su paso por la física a la que luego renunció dando un cambio copernicano en su vida y que se traslució en libros como Heterodoxia o Uno y el Universo, por nombrar sólo algunos.
En su juventud trabajó en el Laboratorio Curie, en París. El gran golpe de timón fue en 1943. Eso marcó su vida y las letras argentinas: se alejó de las ciencias duras para dedicarse exclusivamente a la literatura. Se instaló entonces en Pantanillo, en la provincia de Córdoba, para residir en un rancho sin agua ni luz pero entregado a las letras.
Compartió veladas con miembros del movimento surrealista en los bares de París y eso lo marcó. Militó en el Partido Comunista y luego descreyó. Más adelante presidió la CONADEP y se comprometió.
Escribió varios libros de ensayos sobre el hombre en la crisis de nuestro tiempo y sobre el sentido de la actividad literaria -El escritor y sus fantasmas (1963), Apologías y rechazos (1979)-, entre otros. Y tres novelas: El túnel (1948), Sobre héroes y tumbas (1961), y Abbadón, el exterminador (1974).
"Firmó siempre las solicitadas pidiendo la aparición con vida de los desaparecidos", lo recordó Magdalena Ruiz Guiñazú en TN. Y agregó: "Esto no hay que olvidarlo".
Sábato fue nombrado Caballero de las Letras y las Artes, distinción instituida por André Malraux y la Cruz de la Orden de la Legión de Honor (Francia, 1980). También recibió el Premio Cervantes, el Menéndez Pelayo, el Premio Jerusalén y la Medalla de Oro del Círculo de Bellas Artes de Madrid.
Fue un activo cuestionador de la razón, que tanto había abrazo en su primera etapa de su vida en su cercanía con las ciencias duras.
Tras la dictadura militar, el escritor asumió la dirección de la CONADEP y escribió el prólogo del Informe "Nunca Más".
En 1998 apareció su libro de memorias "Antes del fin". Más tarde publicó "La resistencia" y en junio de 2004, "España en los diarios de mi vejez". Para ese entonces ya habían muerto su mujer Matilde y uno de sus dos hijos.
En su histórica casa de Santos Lugares, donde residía desde 1945, se recluyó sus últimos días de vida. Allí, además de su escritorio simple, se encontraba un atelier. Es que además de su pasión por las letras, la pintura había ocupado un lugar importante en su vida desde joven. Sus cuadros tenían esos colores oscuros y los gestos de espanto y tristeza que él supo esbozar en una vida de lucha, desencantos y pasiones.

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