El intendente Martín Buzzi firmó ayer la exoneración de dos empleadas municipales sumariadas por acciones fraudulentas que no sólo perjudicaron a la comuna sino también a una gran cantidad de contribuyentes.
El estatuto municipal establece dos figuras diferentes para desvincular a un empleado de planta permanente. La cesantía se prevé para aquellas personas que incumplan sus deberes y obligaciones laborales y se resuelve luego de varias notificaciones y avisos. Mientras, la exoneración se reserva para quienes deban ser desvinculados laboralmente del Estado municipal por comisión probada de delitos o acciones en perjuicio, tanto moral como material.
Por esa razón, el intendente Martín Buzzi firmó ayer sendas resoluciones mediante las cuales se exonera a las dos empleadas del área de Rentas y de Ingresos Brutos. En las resoluciones, que también fueron rubricadas por el asesor Letrado de la Municipalidad, Manuel Pis Diez, y el secretario de Gobierno, Guillermo Almirón, quedan acreditados los hechos denunciados e imputados a ambas agentes municipales.
DESCUBIERTAS
Las exoneradas, cuyas identidades no fueron proporcionadas, se valían de su puesto de trabajo en la Municipalidad para engañar a los contribuyentes a fin de que les entregaran dinero, ya sea para su propio usufructo o con la promesa de que sería utilizado para hacer efectivo el pago de algún impuesto, lo que finalmente no sucedía.
Una de ellas cobraba un "plus" a los contribuyentes que se acercaban a la Dirección de Ingresos Brutos para refinanciar su deuda, con la promesa de que de esa manera su expediente no pasaría al área de Cobros Judiciales. Además, les cobraba la primera cuota del plan de regularización de deuda que acordaban, dinero que nunca llegaba a su destino final, por lo que las deudas de los contribuyentes engañados seguían creciendo.
Mientras, la otra empleada se aprovechaba de la buena fe de la gente que se acercaba a pagar sus impuestos al área de Rentas, especialmente de los adultos mayores, a los que se ofrecía "ayudar" a pagar sus impuestos haciéndoles ella misma el trámite en ventanilla.
Los vecinos, agradecidos, le entregaban el dinero y la boleta del impuesto correspondiente. Más tarde, la agente municipal se las devolvía asegurándoles que estaba pagada, pero lo cierto es que no lo hacía y se quedaba con el dinero. Asimismo, la empleada, valiéndose de su puesto laboral, utilizaba engaños para inducir a la gente a entregarle dinero destinado a incrementar su propio patrimonio.
De esa manera, contribuyentes que se acercaban a la Municipalidad con el objeto de pagar sus impuestos o pactar un refinanciamiento de deuda eran estafados por estas dos empleadas, que abusaban de la confianza que la gente depositaba en ellas por tratarse de agentes municipales.

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