El Papa en la Misa final del Sínodo sobre la familia puso en guardia frente a dos tentaciones: una es la «‘espiritualidad del espejismo’: podemos caminar a través de los desiertos de la humanidad sin ver lo que realmente hay, sino lo que quisiéramos ver nosotros; somos capaces de construir visiones del mundo, pero no aceptamos lo que el Señor nos pone ante los ojos»; la otra es la de caer en una «‘fe de programa’»: «Podemos caminar con el pueblo de Dios, pero ya tenemos nuestro programa de marcha, en donde todo se ajusta: sabemos dónde ir y cuanto tiempo emplear; todos deben respetar nuestros ritmos y cada inconveniente nos disturba»