Multitudinario apoyo a un esperado proyecto

Multitudinario apoyo a un esperado proyecto
En Brasilia se festejó la nueva iniciativa, que establece medidas concretas de apoyo para evitar que aborte.

Brasil no deja de llamarme la atención. Es un país que se caracteriza por tener un pueblo que se moviliza, sale a las calles, se expresa.

Una multitudinaria manifestación llenó, por segundo día consecutivo, las calles centrales de Brasilia y no precisamente por el festejo de un triunfo futbolístico.

Miles de personas se concentraron para mostrar que defienden valores que consideran innegociables, y que perciben están gravemente amenazados en su país.

Convocados por el Movimiento Nacional de la Ciudadanía por la Vida, quisieron mostrar a sus gobernantes y al mundo su sentir. Para eso, recorrieron la explanada de los ministerios, una amplia avenida de la capital en la que se ubican los edificios del poder público, y se concentraron finalmente frente al Congreso Nacional.

Hubo un momento de especial celebración: el anuncio de que una comisión parlamentaria aprobó un proyecto de ley para ayudar a la mujer que resulte víctima de una violación.

Festejaron que la iniciativa presentada por el diputado Eduardo Cunha, superó una barrera parlamentaria, a pesar de que aún deberá ser analizada por la Comisión de Constitución y Justicia antes de llegar al pleno de la Cámara baja y, finalmente, ser remitida al Senado.

El proyecto propone que una mujer que quede embarazada por una violación reciba ayuda psicológica, apoyo financiero del Estado y otros beneficios, como ayuda oficial para identificar al padre y obligarlo a que responda económicamente por su hijo. Como única condición para esas ayudas, el proyecto establece que la mujer renuncie a la posibilidad del aborto y dé a luz a su hijo.

El proyecto ha sido rechazado por grupos feministas, que llegan al extremo de denominarlo “beca-

violación”.

Tachado de “nazi”, “conservador”, “retrógrado”, entre otras descalificaciones, el diputado Cunha plantea que es la preocupación legítima que el Estado debe tener con la mujer que resulte objeto de una violación. “Estamos hablando del derecho de una madre que no quiere abortar, aun cuando ha sido víctima de violencia sexual, y de su derecho a tener un mínimo apoyo para su subsistencia”.

Hasta aquí, la información. Algunas de las miles de preguntas que me hago son: ¿Es lícito pensar una medida para las madres que no quieren abortar? ¿Quién tiene la obligación de ayudarlas? ¿Puede ser tachado de nazi alguien que defiende al más indefenso de los indefensos? El más indefenso es alguien llamado a la autonomía, al protagonismo de su propia vida, a pesar de las terribles circunstancias en las que ha sido engendrado. “Al que no tiene fuerza, el derecho en sí no le sirve de nada”, sostenía Adolf Hitler. Pienso que nos convertimos en los peores autoritarios cuando admitimos que hay un período o circunstancia en que la vida carece de valor. Me da escalofrío pensar que la muerte de un ser humano inocente depende de la cosmovisión de siete miembros de una Corte, de los que integran el Congreso de la Nación, o de quien ejerce el poder ejecutivo.

Las preguntas sobre el aborto

Una de mis preguntas es si el aborto ha sacado a la mujer de la pobreza, de la ignorancia, si ha reducido las situaciones de violencia contra la mujer. ¿No será que la mujer, después del aborto, se encuentra más sola y desamparada que antes? Su testimonio así lo muestra. La mayoría confiesa estar “rota” por dentro.

Actualmente, estas mujeres no están solas. Hay asociaciones que las animan a llevar adelante su embarazo. Conozco a algunas de las personas que trabajan en ellas. Las llaman, se encuentran, se interesan por su vida, las contienen, las ayudan con trámites, las escuchan. Les dan herramientas para mejorar sus relaciones personales. Hacen un verdadero trabajo, bastante más arduo que el recomendar un aborto y “a otra cosa”. Las mujeres asistidas no tienen más que palabras de agradecimiento, porque alguien se fijó en ellas, y las trató con cariño.

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