Con pañuelos blancos en alto y sonoros aplausos, ayer al caer la tarde, la imagen de la Virgen de Lourdes abandonó la Gruta en solemne procesión por las calles del barrio, en la celebración de su día y en conmemoración de los 75 años de esa morada cristiana.
Como cada 11 de febrero, la Gruta se vistió de fiesta en la culminación de la novena que preparó a todos los cristianos para la celebración de la Virgen de Lourdes, patrona de los enfermos, que comprendió diversas misas a lo largo de toda la jornada y que culminó con la homilía expresada por el obispo diocesano monseñor Antonio Marino, quien luego encabezó la procesión con la imagen santa que recorrió las calles del Puerto.
Muchos de los presentes portaban las tradicionales velas con las tulipas, a la vez que muchas madres optaron por vestir a sus bebés de angelitos, con artesanales alitas de alambre y aureolas al tono.
Ante una multitud que cubrió cada hueco de la locación sagrada ubicada en Magallanes al 4000, el obispo destacó y agradeció a la Congregación de las Hermanas de la Divina Providencia que cumplen desde hace 75 años "un importante servicio a la comunidad" y a la vez son "testigos de verdaderas multitudes¨.
Asimismo, Marino recordó al papa Francisco, cuando induce a "salir a misionar en la periferia geográfica y existencial, que en ésta ciudad son abundantes" y consideró que misionar "es una dimensión permanente de nuestro quehacer como miembros de la Iglesia Diocesana de Mar del Plata. El Evangelio es para todos, especialmente para los pobres".
En otro tramo de su homilía, monseñor Marino valoró las tareas que cumple la congregación de las Hermanas de la Divina Providencia que "salen al encuentro de Cristo en el rostro de los hermanos necesitados".
Luego de la culminación de la misa, se vivió el momento más emocionante y sublime de la jornada, después de nueve días de preparación espiritual y de fe, sobre todo éste año que la Gruta cumple sus bodas de Diamante, cuando la imagen de la Virgen de Lourdes permaneció durante unos minutos en el arco de entrada a la Gruta mientras que los fieles apostados en la calle la saludaban con pañuelos blancos en alto.
Mientras que el obispo Antonio Marino encabezaba la procesión -que bajó por Magallanes hasta Martínez de Hoz para retomar por 12 de Octubre-, los fieles rezaban y cantaban en voz alta, caminando en solemne comunión con sus hermanos cristianos que portaban velas encendidas. Desde los balcones de muchas casas de las inmediaciones también saludaban con pañuelos.
Una vez concluida la procesión, la imagen volvió a la Gruta, donde se procedió a la bendición con el Santísimo Sacramento y a darle el adiós a la Virgen de Lourdes, hasta el año que viene.


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